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Qué vamos a hacer en la Cuarentena

La relatividad por la que se rige la vida, hoy nos muestra que frente a una amenaza desconocida para la humanidad, los pueblos mejor preparados culturalmente y con un mayor respaldo estatal hacia sus ciudadanos tendrán más posibilidades de sobrevivir y de ser primeros en recuperarse de los impactos, que como ahora deja el paso de una pandemia.

No nos puede causar sorpresa que frente a un reto desconocido, el grueso de los empresarios educados para la ganancia a cualquier precio y seguidores del dogma global del neoliberalismo, sean los que primeros se aparten de respaldar materialmente a sus congéneres en términos de cohabitantes de un país.

Lo que primero han hecho es blindarse como clase, salvaguardar sus ganancias acumuladas tras décadas de distribuir injustamente la riqueza generada por los trabajadores y de no darles lo suficiente para subsistir a través de bajos salarios  y servicios públicos limitados financiados con un presupuesto nacional irrisorio, pero aceptado el maltrato, por el espejismo de mejorar por el esfuerzo propio y dependiendo del grado de sumisión al patrón.

Otra postura igual de reprochable es la de aprovechar las coyunturas como la actual para legal e ilegalmente atracar los fondos del Estado, bajo la consigna de reactivación económica post cuarentena viral y ni hablar de los corruptos tradicionales y de reciente estreno, incrustados en distintos niveles del engranaje de empleados públicos con mando.  Muchos llegaron al gobierno a usar los cargos para extraerle al erario público fondos e influencias, que potencien sus negocios personales y corporativos.

Frente a una realidad de incierto desenlace, toca a los trabajadores entender:

  1. Que el Estado tiene la obligación constitucional de protegerlos en sus necesidades fundamentales.
  2. Que somos la fuerza más importante para mantener a flote a un país, junto con dirigentes que se puedan empinar por sobre infantilismos partidarios y de capillas, para dirigir una causa honesta de sobrevivencia.
  3. Que la constante lamentación y pedidera de migajas, solo nos hace perder tiempo y energías en la ruta de proponer y exigirle al Estado su intervención oportuna con participación del movimiento sindical y popular.
  4. Que los dirigentes sindicales en una circunstancia dramática deben estar a la altura del desafío con medidas igual de urgentes hacia sus organizaciones y propuestas sensatas para un Estado que debe definir y aplicar políticas de respaldo a la parte más débil de la relación laboral.
  5. Que nuestro Estado capitalista ya no puede con la demanda material básica de la población, pues los recursos existentes, los bajos impuestos a los ricos, la explotación exclusivista del canal, la corrupción, la falta de planeación adecuada entre otros aspectos, impide la satisfacción de las necesidades de las mayorías de acuerdo al nivel del PIB.
  6. Que es fundamental mantener los mecanismos de comunicación con diversos propósitos y grupos humanos para difundir propuestas, organizar tareas y coordinar acciones concretas y realizables que mitiguen impactos esperados a corto plazo, por lo menos.
  7. Que para dirigir a una masa desencantada, estresada, intranquila y hasta desesperada, hay que reaccionar ya, y no como quienes dejaron en este país, que fuera el virus quien dictara la ruta a seguir y las dosis de la cura propuesta.
  8. Que para proponer, ya es tiempo de contar con los datos extraídos por nosotros mismos en cuanto al estado de los trabajadores y sus familias y en base a la realidad, gestionar con el Estado con actitud digna, unas medidas que eviten a cientos de familias rodar por el despeñadero hasta que la santa y misericordiosa empresa privada, entienda que además del Covid 19 debe irse también el neoliberalismo por ser ambos virus contra la humanidad.
  9. Panamá cuenta con una plataforma de infraestructura instalada, con algunos empresarios con sentimientos honestos y capacidad económica, con ventajas competitivas sobrevivientes, con algunos dirigentes torrijistas y con una raza curtida de trabajadores que ya hemos pasado por otras crisis y vamos a seguir de pie y nunca de rodillas.

Los trabajadores. la inmensa mayoría también, no queremos limosna, queremos justicia humana.

J Colón M – Hablemos de Educación y Punto.

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