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“El que siembra la miseria, recolecta la ira” por Roberto Pinnock


En un foro público desarrollado en días pasados en París, a propósito de los actos de protesta masiva impulsada por el movimiento laboral de los ‘chalecos amarillos' la colega francesa Pincon-Charlot, emitió algunas afirmaciones poco aceptadas en nuestros medios referente al hecho de que ella ve sin duda una relación de fuerzas
efectivamente violentas en la sociedad actual, pero al mismo tiempo destaca que ‘el que siembra la miseria, recolecta la ira', esto como resultante de que ‘los trabajadores son tratados como costes, gastos, materias primas (…) y es aquí, cuando los ricos imponen su violencia fraguada a puerta cerrada, que no se hace visible fácilmente.

Los que la ejecutan ni siquiera son ricos' Violencia que opera, por ejemplo, siempre que exigen la reducción de salarios de los trabajadores directamente o por vía de aumentos del costo de sus canastas básicas para satisfacer sus necesidades sociales y personales, ‘porque piensan que los trabajadores son demasiado caros'.
De aquí que se hable —idea que hemos argumentado en distintos foros y por esta misma columna en múltiples veces— que en efecto ‘Hay una guerra de clases que llevan a cabo los más ricos contra los más pobres (…), dejando a estos últimos —que para la investigadora citada son las clases medias, las clases trabajadoras y populares— fuera de los beneficios creados por la sociedad.

Algo así como lo ha expresado el papa Francisco —señaló la socióloga Charlot— cuando ha denunciado que ‘los obreros han pasado de un estatus de explotados al de desechos' (Cultura del descarte) de manera que los ricos vienen a considerar como una carga, como un coste a los trabajadores, sean de estratos medios profesionales o con ingresos por debajo de la línea de pobreza de cada país.

De manera que cuando estas clases populares reaccionan por la violencia engendrada por los ricos y sus instituciones —como el FMI— que ellos mismos han creado para defensa de sus intereses en el mundo, son acusadas de generadoras de violencia, de ser desalmadas, de quebrantadoras del orden social.

Pero, como dice la mencionada intelectual francesa, son los defraudadores de impuestos, evasores de compromisos tributarios y prestaciones sociales los que son los desalmados y esos, documentado en una obra publicada por ella, son los más ricos de la sociedad.

Si pagasen sus compromisos, ‘no habría la deuda pública existente' —en el caso de Francia— ni se tendría ‘un agujero en la seguridad social'; ¿se parece a Panamá?, sin duda.

Solo en el ‘Mes de la Patria' e iniciando el de las ‘fiestas de Navidad' —que invocan sosiego y bienestar para todos— hemos sido observadores directos de la violencia de los ricos muy ricos y de los menos ricos que obedecen sus directrices desde los Gobiernos, como el caso del actual, frente a las demandas justas de los productores agropecuarios en Los Santos y en Puerto Armuelles.

Ahora resulta que son ellos los que incurren en actos delictivos, pero, como bien señalan los de la organización popular denominada Alianza Estratégica Nacional, ‘Toda la crisis agraria y básicamente todos los elementos de discordia social fueron expuestos en mesas de diálogo, donde los compromisos allí acordados son letra muerta por este Gobierno'.

En ese sentido, denuncian con virilidad los líderes del mencionado organismo de ribetes populares que: ‘no son las regiones de Barú o de Azuero o Veraguas… quienes deben estar siendo perseguidas o encarceladas por defender el derecho a la vida, sino el presidente Juan Carlos Varela y sus funcionarios por traidores al agro panameño y por ende, enemigos a de la Paz y la vida (AEN, 5 de diciembre de 2018)'.

Y no puede ser de otra manera, si entendiéramos de una vez por todas que se trata de una guerra de los más ricos contra los más pobres, como lo enuncian no solo los intelectuales europeos, sino también los de pensamiento más crítico de nuestro patio.

Evidentemente, a los señores del poder económico mundial y sus incondicionales locales, no les interesa la ira que resulta de la siembra que ellos hacen de miseria para satisfacer sus intereses.

Hoy lo vemos con el caso de los productores bananeros y de Azuero, que se ven arrinconados en detrimento del ejercicio de derechos elementales y universales a vivir dignamente. Sabemos cómo inicia la violencia, no cómo termina… ¿por qué no ser más sensatos?
SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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Central Nacional de Trabajadores de Panamá