La gesta heroica del 12 al 22 de diciembre de 1947. por Mario Enrique De León, sociólogo

Al inicio de la segunda guerra mundial (1939) EEUU solicitó al gobierno panameño concesiones territoriales para la instalación de sitios de defensa fuera de los límites de la Zona del Canal. El entonces presidente de la república, Arnulfo Arias Madrid (ex miembro de Acción Comunal), “respondió con doce puntos reivindicativos, hecho que no fue del agrado al Departamento de Estado norteamericano” (Ávila, 1998: 21). Esto motivó el derrocamiento del presidente Arias por parte de la Asamblea Nacional. Hecho que evidenció una vez más la subordinación y los lazos de solidaridad entre las élites políticas (y económicas) de Panamá con los intereses del imperio norteamericano.

Instalado el nuevo gobierno, dirigido por Ricardo Adolfo de la Guardia, se dieron la tarea de conceder 132 sitios (mayo 12 de 1942) con la condición de devolverlos después de la firma de los acuerdos de Paz. Estos fueron firmados el 2 de septiembre de 1945, sin embargo EEUU no cumplió con la entrega; ya que el gobierno norteamericano sostenía que tenía derecho de retener los sitios de defensa hasta un año después de haberse firmado los acuerdos de paz. Esto último tampoco lo cumplieron. Sin embargo el 8 de mayo de 1947 el gobierno norteamericano entregó 98 sitios de defensa, reteniendo 36 con la excusa de que existía la posibilidad de una nueva guerra (con el bloque socialista). En ese orden, EEUU insistía en mantener enclaves coloniales a lo largo y ancho del país por 50 a 99 años más como parte de sus planes de dominación mundial.

Dicha actitud arrogante y colonial de EEUU fue censurada, inmediatamente, por los sectores populares y nacionalistas del país, pero bien recibida por la oligarquía panameña que priorizaba sus intereses económicos desde siempre, pero esta vez respondía precisamente a la bonanza económica experimentada durante la Segunda Guerra Mundial. Otra vez reñía la conciencia nacional de los sectores populares con la burguesía nacional apátrida.

“Durante la segunda guerra mundial las ciudades de Panamá y Colón experimentaron la más activa vida nocturna en su historia con un movimiento económico extraordinario. Clubes nocturnos, cantinas y cabarets ocuparon la mitad de la entonces Avenida Central en la Ciudad de Panamá… Los ingresos por exportaciones ligadas al Canal y las bases militares sobrepasaron de 24,4 millones en 1939 a 98,5 millones en 1943… El valor de las exportaciones fue de 50% de la producción nacional de aquella época… A su vez, los norteamericanos construyeron la carretera Panamá-Colón y rehicieron la carretera de La Chorrera hasta Río Hato.” (Rojas en Castillero 2003)

Ante las pretensiones de negociación de los sectores transitistas del país, la vanguardia estudiantil -Federación de Estudiantes de Panamá- convocó a una concertación popular en el Parque de Santa Ana, el 1 de septiembre de 1947. Dicho encuentro fue concurrido por todos los sectores opuestos a la permanencia de los sitios de defensa fuera de los límites de la Zona del Canal. En ella tuvieron la palabra: José Isaac Fábrega, Samuel Lewis, Sergio González (diputados), Eloy Benedetti (Frente Patriótico de la Juventud), Ovidio Díaz (Federación de Sociedad Cívicas Santeñas), Domingo Barría (Federación de Sindicatos de Trabajadores de la República de Panamá), Ella Fergunson, Rodrigo Molina, Hugo Victor (Federación de Estudiantes de Panamá), Enrique Karlsson (Profesor) y Cristóbal L. Segundo (Presidente del Partido del Pueblo) (Partido del Pueblo, 2000:147).

Sin embargo, seis días más tarde se publicó en la página cuatro del diario La Estrella de Panamá la nota número 2781 suscrita por el Ministerio de Gobierno y Justicia (encargado del Despacho de Relaciones Exteriores) por medio del cual exponía al pueblo panameño la posición de su gobierno frente las negociaciones de los sitios de defensa. En ella declaraban su acuerdo de pactar 10 años más (fijos) para el sitio de Río Hato, con prórroga de 10 años de acuerdo a la voluntad única de EEUU. Esa publicación alertaría a los grupos más esclarecidos del país (Federación de Estudiantes de Panamá, Asociación de Profesores y Magisterio Panameño Unido, Federación Sindical de Trabajadores, Frente Patriótico de la Juventud, Partido Comunista y Partido Socialista); logrando ellos la mayor organización y movilización de los sectores populares jamás antes conocida.

No obstante, el rechazo popular no pudo detener las negociaciones y firma del convenio; el mismo se firmó el 10 de diciembre de 1947 a las 12:31pm en la Cancillería por el Ministro de Relaciones Exteriores (interino) de Panamá, Dr. Francisco A. Filós y el Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de EEUU en la República de Panamá, Frank T. Hines. El cual días más tarde sería revisado por la Comisión Especial de la Asamblea Nacional desde el día 13 hasta el 19 de diciembre de mismo año.

Una vez en conocimiento de las firmas del convenio, los estudiantes de la Universidad de Panamá convocaron una movilización hacia la Asamblea Nacional para el día doce del mismo mes a las 4:00pm. Hecho y entre otros, como las declaraciones de radio del estudiante Secundino Torres (estudiante de la Facultad de Derecho) en horas de la mañana del día doce, hicieron que el Ministro Filós junto con la Policía Secreta se aproximaran a los predios para amedrentar a los estudiantes y arrestar al destacado estudiante de derecho. Sin embargo, el rector Octavio Méndez Pereira haciendo respetar la autonomía universitaria no permitió ni una, ni la otra. No cabe la menor duda “de que el gobierno de turno deseaba impedir a toda costa cualquier manifestación en contra de la aprobación del convenio” (Núñez, 1972:15).

A pesar de la prohibición de las autoridades alcaldicias, tuvo lugar la manifestación convocada por los estudiantes en horas de la tarde del día 12 de diciembre de 1947. El saldo de los enfrentamientos con la policía nacional, comandada por el Coronel José A. Remón, fue de 30 heridos, 24 arrestados y un estudiante (Sebastián Tapia) del Instituto Nacional herido de gravedad por disparo de arma de fuego. Pero ni la barbarie de los agentes policiales pudo detener el curso de los mítines del estudiantado en los próximos días en la provincia de Colón (Parque 5 de Noviembre) y en la ciudad de Panamá. Lo cual tuvo como oradores en el Parque de Santa Ana al entonces estudiante Rómulo Escobar Bethancourt (posterior rector de la Universidad de Panamá y negociador en los Tratados Torrijos Carter), los profesores Federico Velásquez, Enrique Karlson, Isaías Sánchez y Cesar de León entre otros.

No hubo un día -durante toda la jornada- en que estudiantes y trabajadores no se reunieran para diseñar las tácticas que utilizarían en los próximos episodios para derrotar los intereses coloniales de EEUU. “La noche del 15 de diciembre se reunieron los estudiantes en el Paraninfo de la Universidad de Panamá con la intención de adelantar el Segundo Congreso Nacional de la Juventud, en vista de las circunstancias especiales que vivía el país” (Núñez, 1972:20).

Manuel Solís (Presidió el Congreso Nacional de la Juventud en el Instituto Nacional) Humberto Ricord, Erasmo Escobar, Eloy Benedetti, Vicente Meneses fueron voceros (Partido del Pueblo; 2000:149).

Terminado el congreso se pronunciaron (16 de diciembre de 1947) más de diez mil mujeres -trabajadoras y estudiantes- que marcharon por medio de toda la Avenida Central hasta llegar a la Plaza de Francia. La conducta cívica de las mujeres fue de las más destacadas y decisivas en el desenlace de la gesta de 1947. Su reconocimiento se hizo inmediato con millares de aplausos provenientes de los balcones y aceras.

Mujeres destacadas durante la gesta: Ana Isabel Illueca (Profesora), Augusta Ayala, Cecilia Paredes de Perez, Marta Matamoros (dirigente obrera).

La conciencia nacional se encontraba en su etapa más madura durante los sucesos; logrando la unidad orgánica de todos los sectores populares y progresistas del país. Así fue posible el rechazo unánime al convenio, como la resistencia sistemática que se dio en las calles, parques, escuelas, claustros universitarios y en las emisoras de radio. Ningún espacio público se escapó de las consignas y de los profundos discursos sobre la cuestión nacional y la soberanía. La conducta nacional no pudo estar más comprometida con la defensa de la integridad del territorio panameño; más de mil telegramas de todo el interior del país fueron enviados a la Asamblea Nacional desaprobando los convenios de bases, a excepción de uno solo (Núñez, 1972:25). En ese sentido, no hay dudas que la lucha por la soberanía habría escalado posiciones desconocidas en la conciencia nacional.

Describe Cleto Souza (en Partido del Pueblo; 2000:162): “Las Brigadas de Telegramas para las cuáles tomamos las mesas y las máquinas de escribir de nuestro salón de mecanografía y las desplegamos a lo largo de todas las esquinas de la Avenida Central, redactábamos los telegramas que los transeúntes pagaban a veinticinco centavos y los enviábamos a la Asamblea, solicitando, todos, el rechazo del Convenio de Bases. Recuerdo que vendimos más de diez mil telegramas lo que dejó a la Federación de Estudiantes miles de balboas en ganancias, pues con diez telegramas que vendíamos enviábamos uno con diez firmas reteniendo parte del dinero que entró a los fondos estudiantiles para sufragar los gastos de movilización”.

Después de once días (22 de diciembre de 1947) de movilización, mítines, debates y de advertencias de los sectores populares a los diputados, de no salir con vida si aprobaban el documento en conflicto, no tuvieron otra opción que rechazar el Convenio Filós-Hines “haciéndose eco del sentir y querer del pueblo panameño” (Núñez, 1972:33); culminando así una de las etapas más agitadas de la historia de nuestra república. Acto seguido, la muchedumbre en júbilo recorrieron las principales arterias de la ciudad con la bandera nacional y vivando el triunfo del pueblo, de los estudiantes y de los trabajadores.

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