vaticano S.A.

ENTREVISTA | GIANLUIGI NUZZI, PERIODISTA Y AUTOR DEL LIBRO ‘VATICANO S.A.’

“El Banco Vaticano, un paraíso fiscal”

El Instituto de Obras Religiosas, el llamado “Banco Vaticano” ha mantenido siempre en secreto sus operaciones bancarias. ‘Vaticano S.A’. desvela una trama de cuentas secretas y comisiones a políticos.

¿Cuánto cuesta la visita de Ratzinger?
Rosa Martínez / Madrid

Miércoles 24 de agosto de 2011.  Número 155

El Instituto de Obras Religiosas (IOR), el llamado Banco Vaticano, se encuentra en el centro de una investigación judicial que lleva a cabo un tribunal de Roma. En octubre de 2010, una sentencia ordenó el embargo de 23 millones de euros al considerar que el IOR había violado las obligaciones de las normas antiblanqueo en operaciones bancarias realizadas con el banco alemán JP Morgan Frankfurt y otra entidad italiana. Según el fallo, el IOR no comunicó “para quién pretendía realizar las operaciones, ni la naturaleza y objetivo de las mismas”.

Aunque pocos meses después de esta sentencia el Vaticano modificó su normativa fiscal para intentar entrar en la lista de la OCDE de los países que respetan la normativa internacional contra el blanqueo de dinero, el IOR ha funcionado siempre en el más absoluto de los secretos y su historial de acusaciones es extenso. Implicado en el escándalo del Banco Ambrosiano, el IOR ha continuado aprovechándose de los privilegios que le da su estatus de banca papal para mover dinero por todo el mundo sin que ninguna autoridad al otro lado de los muros del Vaticano le pida cuentas, actuando como un verdadero paraíso fiscal en la práctica.

“El Instituto de Obras Religiosas es un banco ideal para pasar inadvertido porque actúa en el más absoluto de los secretos”

El libro Vaticano S.A., del periodista Gianluigi Nuzzi ha permitido conocer los oscuros negocios de la Santa Sede, gracias a la documentación recogida por uno de sus responsables, monseñor Renato Dardozzi. Conocedor de primera mano de los aspectos más reservados del IOR hasta fines de los ‘90, Dardozzi quiso que los documentos se hiciesen públicos tras su muerte. En sus páginas aparecen cuentas millonarias de fundaciones caritativas inexistentes, movimientos de capitales que nadie controla y vínculos con la política e incluso la mafia.

GIANLUIGI NUZZI. Cree que el banco del Vaticano es ideal para no dejar rastro. Massimo Prizzon

DIAGONAL: ¿Qué actuaciones del IOR salen a la luz en su libro?

GIANLUIGI NUZZI: Se hacen públicos por primera vez documentos que habían permanecido siempre secretos y que revelan todas las operaciones opacas llevadas a cabo después de Marcinkus [presidente del IOR desde 1971 hasta 1989]. Revela por ejemplo la existencia de todo un sistema de cuentas secretas a nombre de supuestas Fundaciones Benéficas de lucha contra la leucemia o la pobreza, utilizadas en realidad para proteger a los verdaderos titulares. A esas cuentas fueron a parar, por ejemplo, parte de las enormes comisiones y sobornos pagados por empresas italianas a numerosos políticos investigados por los jueces de Mani Pulite (Manos limpias).

D.: ¿Alguna cuenta fue usada por políticos importantes?

G.N.: Sí, por ejemplo la de la Fundación Spellman podría ser en realidad una cuenta para ser utilizada por Giulio Andreotti, en aquel tiempo primer ministro de Italia-

D.: ¿Y para lavar dinero negro?

G.N.: Eso no forma parte de la documentación del archivo de Dardozzi. Son unas declaraciones de Massimo Ciancimino, el hijo de Vito Ciancimino, el alcalde mafioso de Palermo, que afirma en una entrevista que en los ‘70 y ‘80 su padre depositaba en el Instituto de Obras Religiosas parte del dinero que circulaba entre mafiosos y políticos-

“Ratzinger está intentando introducir sistemas de control ante el riesgo de que incluyan al banco en la lista de paraísos fiscales”

D.: ¿Qué convierte al IOR en un banco ideal para pasar inadvertido?

G.N.: Sobre todo el hecho de que actúa en el más absoluto de los secretos. No se sabe de quién es el dinero depositado allí, el patrimonio del banco es top secret. Goza además de importantes exenciones fiscales al tratarse de un banco extranjero. Con estas condiciones no hay duda que es un banco muy apetecible para quien quiera discreción.

D.: ¿Conocía el papa Wojtyla los hechos que se denuncian en el libro?

G.N.: Hay pruebas documentales de que sus más estrechos colaboradores conocían la estructura paralela que se había desarrollado para blanquear dinero procedente de las comisiones. Por ejemplo, el entonces presidente del IOR, Angelo Caloia, en una carta reservada al secretario del papa, Stanislaw Dzwisz se refiere de forma explícita a “investigaciones realizadas con total reserva” de las cuentas corrientes secretas. El papa tuvo un comportamiento muy prudente sin obstaculizar frontalmente lo que ocurría.

D.: ¿Cual ha sido la reacción del Vaticano con el libro?

G.N.: Un cambio, al menos sobre el papel, ha habido, porque existe el riesgo de que al banco se le incluya en la lista negra de la OCDE. Ratzinger está intentado introducir sistemas de control en los flujos financieros. Lo que hay que ver es cuánto de lo prometido se lleva realmente a cabo.

D.: ¿Se puede afirmar que el IOR ha actuado como un paraíso fiscal?

G.N.: Por la documentación aparecida se puede decir que al menos hasta fines de los ‘90 funcionó como un verdadero paraíso fiscal.

INSTITUTO DE OBRAS RELIGIOSAS: EL BENEFICIO ES SAGRADO

El Instituto de Obras Religiosas nació en 1942 al convertirse en un verdadero banco la que en un principio se llamó Comisión para las Obras Pías. A partir de ahí, nació un gran imperio financiero con inversiones en todos los rincones del mundo.

Sobre él han recaído sospechas de haber financiado operaciones armamentísticas o de haber colaborado con el régimen de Mussolini y con el tercer reich. Los privilegios de los que goza han hecho de él el banco preferido para quien quisiese transferir capitales al extranjero para evadir impuestos. Como señala Gianluigi Nuzzi en Vaticano S.A. el IOR “no se puede registrar; no está permitido interceptar los teléfonos; no se puede interrogar a sus empleados”.

Para saber algo acerca de las operaciones del banco, prosigue Nuzzi, “los jueces del país interesado deben realizar rogatorias al Estado de la Ciudad del Vaticano. El Estado del Vaticano es el único país europeo que no ha firmado ninguna convención de asistencia judicial con otros países del continente”.

 

 

Sunday 14 august 2011 7 14 /08 /Ago /2011 03:12

El Vaticano sólo ha suscrito 10 de las 103 Convenciones Internacionales de Derechos Humanos (al año 2006.)

Esta es una denuncia del año 2006 pero que vale la pena rescatar para refrescar memorias.

Fuente: http://www.argenpress.info/nota.asp?num=031351

La diputada de Izquierda Unida, Isaura Navarro, ha recordado que “de las 103 convenciones internaciones el Vaticano sólo ha suscrito 10 y no ha firmado contra los crímenes de guerra, contra la humanidad y contra el apartheid”

Por ello, IU ha pedido al gobierno central que, aprovechando la inminente visita a España del Papa Benedicto XVI, “Zapatero recrimine a Ratzinger la falta de compromiso del Vaticano con los Derechos Humanos”.

Navarro explica que “existen 103 convenciones internacionales que reconocen y amparan los Derechos Humanos, de las cuales el Estado Vaticano solamente ha suscrito 10, lo que sitúa a la Santa Sede en los últimos lugares de la lista de estados por detrás de Ruanda”.

 

“La falta de compromiso del Vaticano -asegura la diputada de izquierdas- llega al punto de no haber ratificado ninguna de las convenciones sobre la supresión de las discriminaciones basadas en la sexualidad, la enseñanza, el empleo y la profesión. Como tampoco las relativas a la protección de los pueblos indígenas, los derechos de los trabajadores y los derechos de las mujeres”.

“Es imprescindible que el gobierno central -prosigue Navarro- exija a Ratzinger que firme las convenciones contra los genocidios, los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y contra el apartheid. Así como aquellos que se refieren a la supresión de la esclavitud, los trabajos forzados, la tortura y la pena de muerte”.


CONVENIOS NO FIRMADOS POR EL VATICANO

Supresión de la discriminación basada en la sexualidad,
Supresión de la discriminación basada en la enseñanza,
Supresión de la discriminación basada en el empleo,
Supresión de la discriminación basada en la profesión,
Protección de los pueblos indígenas,
Protección de los derechos de los trabajadores,
Protección de los derechos de las mujeres,
Contra los genocidios,
Contra los crímenes de guerra,
Contra los crímenes contra la humanidad,
Contra el apartheid,
Por la supresión de la esclavitud,
Por la supresión de los trabajos forzados,
Por la supresión de la tortura,
Por la supresión de la pena de muerte

“Los Derechos Humanos son una cojudez”
Cardenal Cipriani (Perú)


El Estado Vaticano debe firmar la Declaración Universal de Derechos Humanos

Corriente Somos Igñrdos

Martes 22 de diciembre de 2009, por Foro Diamantino

 

El pasado 10 de diciembre se celebró un nuevo aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cuando se consolidó en España la Corriente Somos Iglesia, hace ya trece años, se redactó un manifiesto de diez puntos basado en el documento original del movimiento Somos Iglesia y ampliado en algunos aspectos. El título de este manifiesto es “Por una Iglesia consecuente con la defensa de los Derechos Humanos” (puede leerse en www.somosiglesia.net) y en el primer párrafo dice lo siguiente: “Desde la Fe en el Evangelio trabajamos cada día para que nuestra Iglesia se entregue plenamente a la defensa de la dignidad humana, pero en ella todavía existen instituciones, normas y comportamientos que contradicen tal compromiso”

Resulta increíble que el Estado Vaticano aún no haya firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos desde que se adoptó y proclamó el 10 de diciembre de 1.948 en la Asamblea General de Naciones Unidas.

No se puede oponer por parte del Estado Vaticano, que no es miembro de pleno derecho, pues sí que ha suscrito otros convenios como la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la Convención para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado, el Convenio de París para la Protección de la Propiedad Industrial, el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares y los principales tratados de desarme y los Convenios de Ginebra.

Que el Estado Vaticano no haya suscrito la Declaración no es una cuestión baladí pues el artículo 1 de la misma indica: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” Si el Estado Vaticano firmase, debería inmediatamente acabar, entre otras cosas, con la discriminación milenaria a la que ha sometido a las mujeres, y debería acabar también con la estructura no democrática que ha mantenido durante siglos.

Es indudable que el siglo XX y los años que llevamos del XXI han mostrado como “signos de los tiempos” la incorporación de la mujer en igualdad de derechos a todos los aspectos de la vida social y política, la democracia como mejor sistema de gobierno de los países e instituciones, la libertad de expresión, el diálogo intercultural e interreligioso o la no discriminación por la orientación sexual. Son metas y objetivos deseables que la Iglesia acepta e incluso demanda para otros pero no vive dentro de ella.

Nos avergonzamos profundamente de que el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos sea más cristiano que la Iglesia a la que pertenecemos, pues lo que se propugna en él es la dignidad humana y el amor fraterno. El cristianismo no puede alejarse de la realidad de cada momento histórico y mantenerse anclado en una organización de otras épocas. Está en juego la credibilidad de una Iglesia que exige hacia afuera lo que ella misma no cumple con sus miembros.

El Concilio Vaticano II generó muchas expectativas sobre la renovación de la Iglesia, se abrieron puertas a una mayor colegialidad, a la participación de los laicos y a una apertura más amplia de la Iglesia hacia el mundo. ¡Cuántos grupos y comunidades de la Iglesia Católica viven su fe alentados por esa eclesiología que se ha ido desarrollando a partir del Concilio!

Sin embargo estos avances no se están traduciendo en cambios de fondo institucionales o del Magisterio de la Iglesia, por ello pedimos que el Estado Vaticano firme la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que la Iglesia Católica actúe en consecuencia tanto en su estructura interna como en su compromiso en contra de la injusticia y a favor de la dignidad humana.

Corriente Somos Iglesia, diciembre de 2009

 


 

En lista de derechos humanos se registra el Vaticano por falta de protección a la niñez

Por Carol Glatz
Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) -? Amnistía Internacional registró al Vaticano en su informe anual de preocupaciones sobre derechos humanos por no haber cumplido suficientemente con el mandato internacional de protección de menores en contra de abuso.

Esto señala por primera vez que el Vaticano se ha incluido en el Informe Anual del grupo sobre el estado de derechos humanos alrededor del mundo. En el Informe Anual de 2011 se abarcó el estudio de derechos humanos en 157 países, en donde se buscó principalmente descubrir abusos contra derechos y restricciones y fallas de aplicación de los acuerdos internacionales sobre derechos.

En el informe, dado a conocer el 13 de mayo, se decía: La Santa Sede no hizo lo suficiente para cumplir sus obligaciones internacionales relacionadas con la protección de menores, específicamente abusos sexuales.

El Vaticano es parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre derechos de menores.

En el artículo 19 de la convención se afirma que los estados participantes tomarán todas las medidas apropiadas de tipo legislativo, administrativo, social y de educación para protección de menores de toda forma de violencia física o mental, daño o abuso, descuido o trato negligente, maltrato o explotación, incluyendo abuso sexual.

En el artículo también se dice que se deben aplicar medidas para ayuda de prevención, información e investigación de abusos como también cuidado de víctimas y, como sea apropiado, la colaboración del sistema de juzgados seculares.

En el informe de Amnistía Internacional se decía: El aumento de evidencia de abuso sexual en contra de menores cometido por algunos miembros de la clerecía durante las pasadas décadas, y falla continua por parte de la Iglesia Católica para avocarse a esos delitos en debida forma, continúa emergiendo en varios países.

En el informe se reconocen los esfuerzos del papa Benedicto XVI para combatir los abusos en contra de menores cometidos por algunos clérigos, y su llamado para activar programas de una mejor prevención, una mejor selección de candidatos al sacerdocio y justos castigos, como la remoción de abusadores del ministerio.


Vaticano no firmará Convención Internacional sobre Derechos de Discapacitados


El Estado del Vaticano no firmará la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas Discapacitadas, porque en su texto incluye “inaceptables referencias a la salud reproductiva”. La convención fue aprobada el 13 de diciembre por consenso de los 192 países de la ONU en una sesión celebrada en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Según su primer artículo, su propósito es promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente. El Vaticano ha hecho saber el jueves, por medio de un comunicado, que no se adherirá al citado acuerdo, del que reconoce no obstante que tiene “muchos artículos útiles. Las razones por las que el Vaticano no firmará la convención son, a su juicio, “inaceptables referencias a la salud reproductiva” y cita, en concreto, el artículo 25. El artículo dice: “los Estados Partes: Proporcionarán a las personas con discapacidad programas y atención de la salud gratuitas o a precios asequibles de la misma variedad y calidad que a las demás personas, incluso en el ámbito de la salud sexual y reproductiva, y programas de salud pública dirigidos a la población”. Según ha declarado Celestino Migliore, Observador Permanente del Vaticano ante las Naciones Unidas, el acceso a la salud reproductiva es “un concepto integral que no considera el aborto o el acceso a éste en las dimensiones del término”. “Nos oponemos a la inclusión de tal artículo, porque en algunos países los servicios de salud reproductiva incluyen el aborto, lo que niega el inherente derecho a la vida de todo ser humano, también reconocido en el artículo 10 de la Convención”, añade Celestino Migliore. La Iglesia Católica condena la práctica de la interrupción voluntaria del embarazo en todas sus formas, incluido cuando existe peligro para la vida de la madre. Fuente: Roma, 1-2-2007 (EFE)

 


EL LADO OSCURO DEL VATICANO
POR CAROLINA FERNANDEZ
Siempre he pensado que la Iglesia tenía un cierto gusto por lo tenebroso, o un mal gusto, matizo. Lo vamos a ver un año más en las multitudinarias procesiones de Semana Santa, que están otra vez a la vuelta de la esquina. Siempre me ha llamado la atención con qué regocijo salen a la calle esos feligreses encapuchados portando al hombro pesadísimas figuras sangrantes, con los ojos desencajados por las torturas y el padecimiento físico. Esa forma enfermiza de recrearse en el dolor me parece, además de muy desagradable, un fenómeno digno de estudio. ¿Por qué tanto empeño en revivir una y otra vez el mismo episodio, regodeándose en el realismo macabro de las escenas? Apostaría a que en un manual de psiquiatría encontraríamos un nombre que definiera esa patología del gusto por el sufrimiento.

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En cualquier caso, resulta casi obsceno para aquellos a los que la tradición nos resbala por la pernera, y asistimos atónitos, cada año, al espectáculo dantesco de la Semana Santa.
Hallábame yo en estas reflexiones cuando leo, como por casualidad, y con la boca abierta hasta el suelo, que la Santa Sede no ha firmado la inmensa mayoría de las convenciones internacionales sobre derechos humanos que tiene en su carpeta las Naciones Unidas. Es decir, de ciento y pocas, la curia habrá estampado su sello en una decena, no más. Semejante pereza para la rúbrica resulta, como poco, chocante, con una institución que se llena la boca con el “amaos los unos a los otros”. Y no es que los papeles de las Naciones Unidas tengan un clarísimo valor práctico, pero qué quieren, servidora no puede evitar mirar de reojo a un estado que no ratifica las convenciones que se han firmado sobre los genocidios, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o el apartheid. Ni tampoco las que tratan sobre la supresión de la esclavitud, los trabajos forzados, la tortura y la pena de muerte. Y siguiendo la lista de florituras, añadiremos que no encontraremos al estado Vaticano en la lista de los defensores de los derechos de los trabajadores, las mujeres, defensa de la familia y el matrimonio (sorpresa, sí, familia y matrimonio); y para completar la enumeración de no-apoyos, añadiremos las no ratificadas convenciones sobre la supresión de la discriminación basada en la sexualidad, la enseñanza, el empleo y la profesión.
Después de estas líneas, una se hace cruces tratando de imaginar qué estado será ése tan bárbaro, incivilizado, oscuro y terrorífico, capaz de ostentar semejante currículum. Porque apoyar y firmar supone un gesto, al menos, simbólico y de buena voluntad, y de gestos simbólicos y buenas voluntades la Iglesia sabe un rato. Otra cosa son los hechos.
Esta información está extractada de una interesante ponencia de A. G. Movellán (autor por cierto del libro “La Iglesia católica y otras religiones en la España de hoy”) que aunque tiene año y medio de antigüedad, la doy por actual, dado que a mis oídos no ha llegado que en los últimos meses la Santa Sede se haya despiporrado firmando tratados a diestro y siniestro -calculo yo una media de cinco convenciones mensuales para ponerse al día con los países punteros en la defensa teórica de los derechos humanos-. Bastante tienen con apuntalar al santo padre para que no se desplome y deje a la institución huérfana antes de que se haya rifado su puesto y todo quede atado y bien atado.
Pues bien, esta sequía de ratificaciones es la manera de evitar el compromiso público y coloca a la Santa Sede a la cola de los estados defensores de los derechos humanos, por detrás por ejemplo de Ruanda. Y cierro la boca no porque se me acabe el asombro, sino porque se me seca la garganta.
Al hilo de estas reflexiones no puede una evitar acordarse de los escándalos de abuso sexual, las condenas por pederastia, los casos de violaciones de religiosas, repetidas y concienzudamente encubiertas, y otros episodios algo más alejados en el tiempo, pero igualmente cercanos en la memoria, como el estrechamiento de manos a individuos tan amantes de la raza humana como Pinochet. Luego vienen los arrepentimientos “por las faltas cometidas contra el hombre por los hijos de la Iglesia Católica”.
Es sobradamente conocido que el mensaje original que en su día fue la piedra de la Iglesia católica, hace ya tiempo que se extinguió de los pasillos vaticanos. Su rastro sólo se puede encontrar en algunas actitudes personales, alejadas de Roma y cercanas a lugares de los que diríamos que están “dejados de la mano de Dios”. Y suele coincidir que además de pelearse con toda suerte de avatares que la vida pone por delante, también tienen que torear la oposición, las críticas y el freno de sus propios compañeros de profesión. Qué ironía.
Me pregunto qué diría su Maestro de todo esto.
Nada más que añadir.

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