Un héroe silencioso, como tantos

Fue mi primer maestro, en silencio me enseñó a pintar pancartas, cocinar engrudo para pegar afiches, imprimir en mimeógrafo, vender periódico, el arte de la serigrafía, etc. Me instruyó sobre el papel de las volantes, cintillos, las consignas: artes revolucionarios que hoy la juventud parece haber perdido la noción de su cardinal importancia; mucho más cuando se tiene permanente en las manos el estarcido, la maquina para marcarlo (había que quitar la cinta), el impresor; además de no necesitar las resmas de papel, en los dedos tenemos como repartirlo automáticamente sin esperar el horario de salida de los estudiantes o los trabajadores.

Era el ‘cuadro’ (con mucho orgullo) del revolucionario juvenil que venía combatiendo en las fuerzas torrijitas desde mucho antes de mi llegada al movimiento en 1977. Mi maestro era uno de los tantos cientos, miles, decenas de miles, de dirigentes silenciosos (realmente era callado) que desde las bases construyeron la Revolución de Liberación Nacional Torrijista. ¡Fue el ejemplo que me enseño a volar!

Siempre explicaba por qué nuestras consignas no podían ser las mismas que las del enemigo fundamental de clase. Desde entonces, cada vez que estoy desorientado, identifico las consignas de los promotores de ignorancia, corrupción, fraudes, terrorismo; y aunque podría no entender nada, camino a ciegas en la dirección contraria; siempre al final la luz demuestra la certeza práctica, nunca me ha fallado ese método empírico.

Eran los días tumultuosos finales de la firma de los Tratados Torrijos-Carter, donde existían grupos vestidos de revolución pero extrañamente coincidían (igual que hoy) con todas las consignas de la reacción nacional e imperial. Lo curioso es que el sector más embustero, antidemocrático, corrupto, ladrón y terrorista del imperio (en esos momentos, minoría en EE.UU.) hacían denodados esfuerzos para que fuéramos los panameños los que rechazaran dichos tratados y/o crear la suficiente protesta que hiciese su efecto de rebote en el país imperial (al buen entendedor, pocas palabras; el Congreso gringo ratificó los tratados por un voto de diferencia).

Luego de las tareas diarias muy entrada la noche (buses de Transitmica suspendían temprano) caminábamos hasta la vía España a buscar el transporte que nos llevaría a casa (Las Sabanas y Concepción). Haciendo parada reglamentaria en el restaurante del Hospital del Seguro a comprar la respectiva hojaldres con café; esas caminatas jamás dejaron de ser intensas sesiones de las más profundas discusiones críticas y autocríticas de los fenómenos internos y externos al calor de la estricta teoría del Socialismo Científico. Siempre fue el que señalaba el camino de más allá; pude percatar el momento en que fue al revés.

Era tan madura su formación revolucionaria, luego que ascendiéramos a cargos superiores, no dejó de responder al nuevo liderazgo (usualmente el infantilismo pequeñoburgués niega la jerarquía ascendente). Me acompañó incluso en aquel momento en que intentamos dar un golpe de timón a la Dirección Nacional de la Juventud, cuando nos faltó más lengua y un par de votos; ni mucho menos en aquella primera gloriosa Huelga Nacional de los Trabajadores en 1985 en defensa del Código de Trabajo (en 1986 hubo otra), cuando armamos el grupo de choque para bloquear todas las entradas y salidas de las unidades de policía que podrían entrar al perímetro de la universidad desde la Ave. Balboa hasta la Tumba Muerto; operativo de quema de llantas, que parece ser fue primera vez en el país; tan espectaculares fueron los tranques, que los vehículos de la guardia perdieron su capacidad operativa hasta la tarde.

El martes 23 de junio del presente año 2020, me llamó mi maestro, Olmedo Plata, a las 8:44 p.m. y hablamos por una hora y 15 minutos. La conversación redundó en orientaciones con respecto a que debería hacer un programa periódico en las redes sociales de análisis críticos puntuales; tal cual se están produciendo en otras fronteras. Le repostaba que no manejaba los recursos técnicos para lograr una presentación de ese nivel; empero, hacía lo mejor que podía con la intención de llegar hasta allá, habiendo logrado grabar audio de algunos temas de mi ultimo libro y decorarlos con fotos.

Hoy 21 de julio recibo la dolorosa noticia que Olmedo Plata, el Revolucionario de Siempre; uno de los tantos miles de abnegados constructores del Torrijismo, de nuestra relativa independencia y bienestar que hoy gozamos los panameños, ha fallecido por causa del COVID-19. Desde cuando me enteré de su convalecencia, sigo el rastro del tono, acento, pausas, palabras, de esa hora y quince minutos de conversación y estoy convencido que aquella llamada era su despedida al camarada de siempre, nuestras mentes no dejaron jamás de estar conectadas. ?

Vuela alto camarada, para que sigas trazándonos el camino.

Panamá, 21 de julio de 2020
Moisés Pinzón Martínez

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