SOBRE LA UNIDAD NACIONAL DE MARTINELLI

untitledEl 1° de Julio de este año, el Presidente Martinelli pronunció el discurso de inauguración del V periodo legislativo de la Asamblea Nacional. Como era lógico en el arrebato que vive Cambio Democrático, de mostrar como oro lo que solo es oropel, se apresuró a invitar, aventureramente, a una “Unidad  Nacional”.

Una unidad nacional implica una concertación consensuada con todo el pueblo. En el caso de Panamá, por el carácter de su sociedad, el pueblo es sumamente abigarrado, diverso, compuesto por los trabajadores de la ciudad y del campo, por las capas medias en sus tres estratos: la baja, la media  y la alta; por la burguesía legítimamente nacional; por los diferentes frentes de la acción social como los sindicatos y las organizaciones del campo; por los partidos políticos, los frentes cívicos, profesionales, del servicio público como la educación, la salud; por los trabajadores culturales, los movimientos comunitarios; por los movimientos comarcales de los pueblos originarios, los movimientos religiosos, de la juventud; por los movimientos de minorías racialmente discriminadas, de desviados sexuales, de la prostitución, el género femenino, etc.

No hay que confundir población con pueblo. Población son todos los que habitan la República. En ese conglomerado humano hay entonces, la diversidad de quienes piensan y actúan de acuerdo a sus intereses comunes de la nación. Hay así fuerzas e intereses anti-nacionales que por consecuencia, no son parte del Pueblo. El pueblo panameño solo lo constituyen todos los intereses y fuerzas sociales que están por el progreso legítimo de la nación, con contenido humano e integralmente ascendente.

Con Cambio Democrático en el poder, encabezado por el Presidente Martinelli, nos encontramos ante un Gobierno cuya práctica es autocrática, con una voracidad por la concentración de la riqueza y el poder, por el deseo desmedido de privatización y extranjerización del patrimonio nacional y la comercialización irrefrenable de las reservas territoriales protegidas.

Como consecuencia de este curso, que Cambio Democrático le ha impuesto al país, se ha incrementado la concentración de la riqueza, se ha acelerado la pauperización de todos los sectores del pueblo, profundizando y extendiendo el conflicto social, así como el sufrimiento popular. Martinelli se jactó en su discurso del crecimiento material espectacular de ciertas áreas del país durante su Gobierno, pero no advirtió que ese desarrollo es para una ínfima minoría, mientras una mayoría vive en medio de la inmundicia, con toda clase de  escaseces, como del agua en un país del trópico húmedo con más de quinientos ríos. Martinelli calla la corrupción generalizada y la impunidad de sus protegidos, el desenfreno de la inseguridad pública, la criminalidad y la desarticulación de la justicia. El incremento del hambre y desnutrición es otro rasgo sobresaliente que tipifica su mandato.

La convocatoria de una Unidad Nacional no puede reducirse alegremente a un simple llamado, una consigna rimbombante y bullanguera.  A los 4 años de este Gobierno no solo se debe hablar de lo que reluce, sino también de la parte oscura, de lo que ensombrece. En ese aspecto, la parte fea de la gestión ?y que se pretende meterla “debajo de la alfombra”?, se tiene que poner en evidencia, a la vista de todo el pueblo, explicando sus causas y proponiendo respuestas consecuentes.

Esta, es una política real y honesta de Unidad Nacional y que debe ser expuesta y debatida con todas las fuerzas y sectores que integran la nación, es decir, con todo el pueblo panameño y no solo con la partidocracia, que en alguna medida, también es responsable de lo que hoy aflora como desastre nacional.

La verdadera política de la Unidad Nacional, por lo que realmente son los intereses que representa este Gobierno y por lo que ha hecho contra los intereses económicos y sociales del pueblo, no la puede realizar el Partido de Cambio Democrático, su dirección y el Presidente. En boca del poder autocrático que gobierna, la invitación a una Unidad Nacional es una carnada. En ninguna parte de este mundo se ha encontrado que un tigre, que es carnívoro, se haya convertido en vegetariano. Martinelli y su equipo no cambiarán ni aunque él personalmente quisiera, pues los intereses anti-nacionales que representa, no se lo permitirán. No tiene espacio para retractarse. Está en la inercia de la autocracia.

La situación que se desencadena en todo el mundo, en que los pueblos están sacudiéndose de las cadenas, en que los absolutistas del poder están siendo sacudidos y conducidos a las rejas, representa un fuerte y claro disuasivo para todos gobernantes que siguen aplastando a la democracia popular, nacional, mediante el abuso del poder personal y arbitrario. En la escala nacional, la desobediencia que se generaliza en las masas, es otro factor que augura que en Panamá también puede “voltearse la tortilla”.  Las fuerzas nacionales, el pueblo, no puede ni debe creer en los “cantos de sirena” de Martinelli.

La respuesta popular, consecuentemente, es converger con más fuerza y decisión, que mueva a la acción común de todas las verdaderas fuerzas nacionales, para derrotar a todos los intereses que han hecho del crecimiento económico un gran negocio para un círculo estrecho de privilegiados panameños y extranjeros, que han convertido el poder del Estado en un instrumento de dominación anti-popular y castigar ejemplarmente a toda la periferia que sustenta ese nefasto poder, compuesto por clientelistas, por tránsfugas y una serie de figuras, sin brillo propio, que desde los ministerios y direcciones autónomas, desde los poderes judiciales y legislativos, han construido una comparsa anti-nacional para trancar el verdadero progreso social.

por: Rubén D. Souza B.

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