Sobre el denominado Pacto Mundial de Migración “Expulsión regulada y ordenada”.

María Alejandra Díaz. Constituyente venezolana.

No son migraciones, sí expulsiones. Los Capitalistas globalistas diseñan situaciones para expulsar personas, empresas y pueblos de sus tierras y del orden socioeconómico, originando  nuevos fenómenos.
La élite de la ONU, aprueba tratados de alcance transnacional; el último, el Pacto Mundial para una Migración Segura Ordenada y Regular, deja expedita la ruta de ejecución de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible del saqueo y apropiación de los recursos naturales de los países a ser borrados del mapa terrestre.
De estas políticas resultan tres tipos de expulsiones: desalojo de sus hogares por incumplimiento en el pago de hipotecas; desplazamientos forzados debido a guerras, enfermedades y hambrunas o por causa de la adquisición de grandes extensiones de tierra mediante manipulación financiera de la deuda, o por causa de desastres naturales. El tercero es el encarcelamiento, empleado a partir de 1980 para expulsar el excedente de población trabajadora.
Pretenden demoler los acervos y desaparecer a los ciudadanos y su  gentilicio. Al ser, países de origen, tránsito y destino, todos somos migrantes. Migración Regulada y ordenada, significa destrucción y evaporación de toda identidad, esencia y naturaleza estable de los seres humanos.
Los centros donde se controla y clasifica los migrantes en tránsito nos recuerdan la Retención Protectiva, aplicada por Hitler a los ciudadanos de otras razas, inferiores según él: judíos, polacos, gitanos, grupos “asociales”: comunistas, cristianos, prostitutas y homosexuales, convirtiéndose en un negocio para los gobiernos de los países de tránsito, escondiendo fines no vistos desde la época de los Campos de Concentración Nazis.
Colocan a los ciudadanos en un limbo: “migrantes”.  En los Centros de Retención, esconden su verdadero propósito: “Concentrarlos”, sometidos a control y clasificación los colocan a posteriori con condiciones laborales de neo-esclavitud en “trabajos decentes”, inhumano disfraz de precarización.
Todos los pueblos y gobiernos del mundo debemos unirnos y rechazar contundentemente estos instrumentos jurídicos. Tras el disfraz de la ayuda humanitaria y  salvaguarda de los derechos humanos de los migrantes esconden la intención de retrogradar a la Humanidad a estadios de esclavitud superados hace siglos.
María Alejandra Díaz
Constituyente

 

 

 

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