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Reflexiones sobre “la otra cara de las barricadas de la invasión” por Gisela Pérez Polo


Por Gisela Pérez-Polo, Financista, Coordinadora de la Alianza Estratégica Naciona (AEN)

Con mucha decepción, hace poco, leí dos artículos de opinión sobre la invasión estadounidense a Panamá.

La invasión, la represión de los primeros años que prosiguieron al golpe de estado de 1968, la mano dura durante las postrimerías del mandato de Manuel Antonio Noriega, mayormente motivadas por la intervención de Estados Unidos, dejan cicatrices que aún no se han cerrado en el alma colectiva de Panamá y deben sanarse para poder avanzar como país.

Mientras tanto, un grupejo de delincuentes de cuello blanco con aires de “señorones ilustres” se entronizan en lo que al pueblo le costó sangre, fuego, luto y dolor.

Empecemos por desglosar esta maraña de la era militar, en la que, a veces, algunos actores pretenden confundir y olvidan que fueron parte o tuvieron alguna cuota de responsabilidad.

La primera época fue una época gris para la mayoría de los panameños: se perseguían comunistas, burgueses, arnulfistas y otros.

1- A partir de diciembre de 1969 hubo un punto de inflexión en toda esta historia, y Omar Torrijos Herrera tomó el poder omnímodo. Paulatinamente, fue tomando conciencia de su responsabilidad como mandatario. Fue sumando sectores de izquierda y de derecha. Campesinos, indígenas, burgueses formaron parte de la construcción de una sociedad inclusiva, solidaria y pujante. Emergió la “aristocracia del talento”. Jamás se había visto tanto intelecto alrededor de un proyecto nación. El país creció y se desarrolló como nunca.

2- Después del asesinato de Torrijos los panameños fuimos testigos de la rapiña por la disputa del poder en los cuarteles. Las rivalidades personales ocurrían intramuros del Cuartel Central y nada tenía que ver el pueblo, aunque nos afectaba.
Torrijos había acordado, para que se concretara la firma de los Tratados Torrijos- Carter, el repliegue a los cuarteles y la democratización del país.

Por tanto, el militar que no respetó el acuerdo, no tiene moral para opinar acerca de lo ocurrido después: traicionaron a la Patria. Esa ambición por el poder fue el primer malestar, que fue aprovechado por el Imperio Norteamericano.

3- La tercera etapa, para mí, la más dura, estuvo llena de traiciones que venían de los propios cuarteles y de los amigos civiles de Noriega. De alguna manera el Norte siempre estaba detrás. El MAN, como fiera acorralada, respondió con manotazos, con uñas y dientes bien afilados. Hubo represión. Hubo torturas. Intentos de los gringos con oficiales panameños para derrocar a Noriega y luego dejarlos solos a merced del Código Militar cuando ocurre un alzamiento. ¿Creen ustedes que los gringos perdonarían o liberarían a quienes intentasen secuestrar y derrocar a su presidente?

4- Mientras, los apátridas invocan al Tratado de Neutralidad y así creen justificar la invasión. ¡Eso es apoyar el genocidio nunca antes visto en la historia panameña! ¿Cuál democracia se consolidó? ¿La de un gobierno perseguidor que tomó posesión en una base militar gringa? ¿Democracia es eso que se firmó con las IFIS que comprometieron a Panamá a privatizar? ¿Democracia es eso que ha traído pandillas, cárteles, matanza entre ellos, inseguridad en las calles, la destrucción de nuestros recursos naturales, la deficitaria calidad en la educación pública, la precaria salud de la población, el estado agonizante del agro, la pobreza, el hambre, la inseguridad ciudadana?
¿Cómo se atreven a decir que ningún militar o batallonero fue fusilado ni masacrado? ¿Cómo dicen que “los únicos culpables de la invasión norteamericana es el Estado Mayor y el Estado Policíaco de las FFDD”? Todos sabemos que había una oficina de la Cruzada Civilista en Washington D.C. ¿Qué hacían panameños allá? ¿Organizando fundaciones, asistencia social? ¿Será que “rebuscando culpables”, les hace sentir algún tipo de alivio espiritual o mental, aunque sea momentáneo, cuando piensan que fueron miles de muertos lo que provocaron aquéllos que pidieron y aplaudieron a los gringos?

5- ¿Será que no queremos afrontar la verdad: que la “liberación” de Panamá, que muchos apátridas pidieron, es la que parió a los huérfanos, a las viudas, al llanto de las madres?

¿Que la “liberación” de Panamá también parió a Panamá Papers, a los Odebrecht, a los Blue Apple, a los Martinelli, a los Varela, con sus respectivos clanes de expoliadores, señores muy “honorables”, asociados a cárteles o a paramilitares?

6- No nos demos golpes de pecho diciendo que la decadencia de esta sociedad fue en la era Noriega. La metástasis de la sociedad está ahora, en plena era democrática. Estoy segura que esta realidad es producto de una sociedad dormida que ya está despertando y hará las disecciones necesarias para que Panamá resurja como el Ave Fénix.
No descansaremos hasta lograr que el 20 de diciembre sea reconocida como día de Duelo Nacional.

¡Abajo los corruptos, los oportunistas, los traidores y los apátridas!

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Una Respuesta “Reflexiones sobre “la otra cara de las barricadas de la invasión” por Gisela Pérez Polo”

  1. Inés Esquivel
    13:41 07.02.2018 a las 1:41 pm

    Totalmente de acuerdo, la enajenación de la población producto de una mala educación, no superada después de la quema de libros que hicieron los.mal.llamados civilistas, deja su huella profunda, hoy sigue ese desconeccion porque ahora los libros eliminaron parte de la historia de la Nación. Falta una parte importante para que desde la.primaria dejemos la.enajenacion y seamos Panamá.

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