Reafirmando nuestra posición latinoamericanista

Hace 20 años, de manera gradual pero cada vez más intensa, la oligarquía venezolana, aupada por el régimen de Washington, determinó hundir el barco de la economía venezolana a través de sacar furtivamente todo el capital posible, es decir, descapitalizar a Venezuela, para lograr un nivel de caos que permitiera, reconquistar el poder político en ese país, dueño de las mayores reservas de petróleo que se conocen .
La situación se agudizó, cuando el presidente de fedecámaras, Pedro Francisco Carmona Estanga, encabezó un golpe de Estado y secuestraron a Hugo Chavez Frías en el año 2002 en Caracas.
El plan era desmantelar el proceso social y político que se llevaba adelante en ese país y el fracaso del golpe asesorado por Elliott Abrams, quien había sido utilizado por el Almirante Jonh Poindexter para que encabezara desde el Departamento de Estado, las acciones que desde 1987, se implementaron como parte del libreto que terminó en la invasión de 20 de diciembre de 1989, pues los Estados Unidos, bajo el régimen de George Bush Padre (QDEP), no tenían previsto cumplir con los tratados del Canal, tal como había sido pactado por el General Omar Torrijos y Jimmy Carter el 7 de septiembre de 1977.
La situación de desabastecimiento ha sido provocado de manera fría y pérfida por quienes quieren rendir a un país para apoderarse de sus riquezas como lo han hecho en libia, aunque ello haya significado volver al país norteafricano, a una condición de Estado fallido y de permanente guerra civil, pero lo que no ha parado es la succión del rico petróleo de los yacimientos de Sirte y Bengasi, como hecho estratégico en la nueva configuración de nuevo poder y reparto geopolítico surgido del poder militar, que gracias a la multipolaridad de ahora, no es un asunto tan sencillo.
Ahora Estados Unidos ha juntado a un grupo de países latinoamericanos que hagan lo mismo que hicieron con Panamá en su momento, en 1989, y por encima del resultado electoral de unas elecciones en las que la oposición se negó a participar en mayo de 2018, ahora aceptan y reconocen  a un “presidente” que ningún venezolano votó por él.
El gobierno de Panamá en forma irresponsable, y exponiendo al peligro la neutralidad del Canal, y la posición adecuada y correcta de servir siempre de medio para promocionar el entendimiento político civilizado, alienta una salida violenta, en donde pueden estar en peligro de muerte millones de personas del país hermano, si se llega a concretar la aventura de una intervención armada del Ejército de Estados Unidos.
Nosotros vivimos en carne propia, la ejecución de esa política y para nuestra vergüenza, todavía no sabemos donde enterraron a millares de panameños, que sirvieron de laboratorio en donde Estados Unidos experimentó armas que luego utilizaron en Irak, en donde también destruyeron esa antigua civilización a cuento de que era para rescatar la democracia. Todavía allá la violencia campea y millones de personas han perdido la vida y nadie podrá reparar los daños sufridos por ese hermano pueblo y la destrucción de una milenaria civilización para satisfacer el control geopolítico de la potencia que ahora nos amenaza con otra guerra en la que Panamá, no puede pensar que no llevaremos consecuencias.
Convocar a la violencia, como lo hace el secretario general de la OEA, el Presidente Trump, el Vicepresidente Pence, Jonh Bolton y ahora Elliott Abrams, es un coro en el que Panamá no puede estar, porque sabemos en carne propia que su interés no es en la democracia, ni el derecho humanitario, sino en el interés inequívoco que poder tener acceso libre al hidrante del petróleo venezolano, sin tener que pagar el justo precio que corresponde.
Hay que ser cínico para provocar el caos que Estados Unidos y la oligarquía venezolana han provocado durante tanto tiempo y ahora prometer, que si ellos intervienen y los militares y el pueblo los apoyan, entonces ellos, motivados por ese respaldo, donarán 14 millones de dólares en ayuda humanitaria.
Nuestra política exterior, siempre debe estar comprometida con los principios de la autodeterminación, la soberanía nacional y el arreglo pacífico de las controversias. Quienes traicionen el pensamiento y los principios latinoamericanos de unidad y fraternidad, serán juzgados por la historia, y no podrán alegar ignorancia en el abandono del legado de nuestros padres respecto a la dignidad y el decoro que debemos mantener los que tenemos por techo el mismo cielo, la misma tierra, el mismo idioma, las mismas costumbres, la misma fe,  y los mismos anhelos de rescatar el derecho a ser libres y dignos, y poder legarle esta herencia a nuestros hijos.
Llegó la hora de los altos hornos, en donde debemos enfrentar la genuflexión, la decrepitud moral  y la traición. De otro modo, seremos arrastrados a nuestro propio funeral como nación digna, y nuestro futuro, en vez de ser lleno de brillo y alegría, será gris y lleno de tristeza inmensa.
Clamo al Dios Eterno,  Al príncipe de Paz, de modo que haga nulo e inoperante todo consejo pervertido donde se planeé la muerte de inocentes, para imponer esquemas de injusticia y atraco. Amén.
*¡Por un país decente y una patria para todos!*
¡Así de sencilla es la cosa!
*José Dídimo Escobar Samaniego*
Cédula. 7-84-41
Tardecita del 28 de enero de 2019
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