Prohibido Olvidar.

invasion20dicLa esperanza de que el bien, la verdad y lo justo se impongan definitivamente en el mundo, es el más profundo y acariciado deseo del ser humano. Bajo este sentimiento, los panameños aspiramos a esa justicia universal, sobre todo, cuando aún quedan muchos resabios de los años de mugre curtida que más que desaparecer, se han venido fortaleciendo y enraizando en los últimos tiempos en nuestro país, bajo la hipocresía del narco-sistema global imperante.
El próximo 20 de diciembre se arriba a los 25 años del más grande genocidio cometido contra nuestro país, cuando en 1989 el ejército de Estados Unidos de Norteamérica, con 26 mil soldados de élite, comandos navales y de infantería de la 82va. División Aerotransportada equipados, además, con la mejor tecnología militar, con superioridad numérica y con sus arreos de combate que incluían lentes infrarrojos para ver en la oscuridad, invadieron en esa madrugada sin luna, nuestro suelo istmeño.
Durante los últimos 25 años se ha mantenido en torno al tema de la intervención militar estadounidense a Panamá una especie de soslayo; una actitud displicente, pero sobre todo, miedo; un temor sembrado en lo profundo de la siquis del colectivo social panameño, que provoca una parálisis al momento de tomar una decisión concluyente como resultado de un profundo análisis sobre las causas, consecuencias y responsabilidades de la invasión del 20 de diciembre de 1989.
Ese miedo colectivo, que incluso ha llevado a todos los gobiernos de pos-invasión a no tomar la patriótica decisión de declarar esta fecha como duelo nacional, obliga a todas las fuerzas vivas del país, sin exclusión, a retomar las tareas nacionales de reivindicación social cuando aún no se cierran temas fundamentales de una agenda postergada durante 25 años, que lleva incorporada entre sus puntos aspectos legales sobre posibles compensaciones para los familiares de las víctimas. Incluso, el hecho de resarcir a los presos de la invasión, perseguidos, exiliados políticos y al pueblo en general.
Entre los puntos anotados en esa histórica agenda están igualmente, las reclamaciones del barrio Mártir de El Chorrillo, los daños materiales ocasionados al país, las perturbaciones sicológicas y las sociales, pero sobre todo, queda la tarea ineludible de esa constante búsqueda de nuestros desaparecidos, superando ese miedo humillante que se convierte en una prisión que evita que pensemos con nuestras propias ideas.
Hoy observamos con preocupación a tanta gente hablando de todo sin decir nada; mientras que nuestros mártires del 20 de diciembre, aún muertos, dicen callados. Quitemos el manto de disimulo escurridizo y de vergüenza que ahora ponen quienes en su momento aplaudieron la invasión; pero justo es también, que quitemos el manto de miedo que ha evitado el hecho de declarar el 20 de diciembre día de DUELO NACIONAL.

Para que este 25 aniversario sea para tomar esa histórica decisión patriótica.

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