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¿ Por qué Panamá no protesta masivamente?


Es una pregunta reiterada, ¿ Por qué en Panamá no protesta masivamente? ¿Por qué la corrupción no es un problema con resonancia social?, las respuestas pueden encontrarse en factores de tipo históricos, sociales y económicos. El poder de las redes sociales como mecanismo de indignación y movilización no ha sido un factor determinante, resulta una ventana más no la base que sustente un paso hacia cambios; la denuncias y lo sonados casos de corrupción e enriquecimiento ilícito tampoco; elementos en otros países han sido la base para grandes movilización sociales hasta deposición de regímenes gubernamentales.

Algunas posibles interpretación de la parálisis colectiva:
Desde aquellos sectores con carencias, el sociólogo norteamericanos James Davis, al respecto señala que “la miseria no produce levantamientos ni revolución porque las personas tienen demasiadas carencias para ocuparse de otra cosa que no sea la búsqueda de comida. La privación excesiva…sólo lleva a que las personas se preocupen por la supervivencia. La penuria no es revolucionaria. Según Davis, los estallidos sociales ocurren cuando un largo período de bonanza con expectativas crecientes es repentinamente seguido por una caída económica mientras que las expectativas continúan en ascenso. Es decir, no son la escasez ni la privación real las que promueven las revueltas sino la privación relativa. La mayoría de las revoluciones ocurren en sociedades que han progresado y mejorado el bienestar de sus habitantes durante años y súbitamente ven sus expectativas caer. La gente teme perder lo que tenía. Davis señala, también, la importancia de la existencia de intelectuales y élites insatisfechas que contribuyan a la agitación y canalicen la frustración hacia el gobierno” (http://www.el-nacional.com/noticias/historico/estallido-social_7366)

Otro aspecto, nos vincula a la ponderación de la corrupción como un problema social que no es visto como un hecho de efectos económicos y social con incidencia en las mayorías. Desafortunadamente esta práctica se ha convertido ya en una forma de actuar, de pensar y de desarrollar nuestra vida en comunidad, y un mecanismo de atajo hacia un cambio en las condiciones sociales. Para algunos ciudadanos la subcultura del juega vivo aunado a los métodos ilegítimos de movilidad social van de la mano con el ser corrupto; frases como “Robo pero hizo” refuerzan la conducta y el ejercicio de un cargo publico puede para algunos representar un oportunidad para salir de su condición social.

Aunado, a la debilitad, flexibilidad y discrecionalidad institucional ante las denuncias hacen de esta un valor de apropiación ciudadana; ello desincentiva la participación colectiva en expresiones de repudio.

Tres, la sociedad del consumo crea una realidad ficticia que baja tensiones sociales y desvía las demandas ciudadanas. Las privaciones, como se expresa en el párrafo que nos antecede no sustenta lucha. Es así, que la dinámicas de consumo “artificializa” la condición social o pertenencia a un grupo en particular, posterior a satisfacer las necesidades inmediatas la demanda social cambia o se atenúa, desplazando la demanda de satisfacer las necesidades inherente del ser ciudadanos.

“La religión apunta al individuo hacia el más allá y la sociedad de consumo lo idealiza en el “más acá”, pero en ambos casos consigue su objetivo: que el sujeto quede alienado al orden social establecido, y no cuestione las relaciones de clase existentes, pese a ser estas manifiestamente injustas” (Sociedad de Consumo, sentido y revolución, 2013)

Cuatro, los gobiernos tienen mecanismos de corte social que bajan tensiones, por ejemplo: son las transferencia directas, es decir no tienes trabajo pero tienes ingresos. El temor a perder estos beneficios condiciona la expresión popular de determinados sectores.

Las transferencias monetarias condicionadas han creado que determinados conglomerados sociales de beneficiarios tengan un estado de “confort” sustentado en una intervención Estatal y creándose una especie consenso de los miembros de una comunidad, desvinculándose de la realidad objetiva.

Cinco, escasa identidad social; la mayoría no sabe que es mas allá de ser panameño y menos como conglomerado. “ Un individuo intentara mantener su pertenencia a un grupo y buscará adherirse a otros grupos si éstos pueden reforzar los aspectos positivos de un identidad social” (Bourhis-Philippe Leyens. 1996). Es allí, la pregunta ¿Quien convoca? Cobra vital importancia para la participación; aún cuando los aspectos ideológicos escasean en las demandas colectivas y ello, conlleva un manto reflexivo sobre la carga de estigmas y los prejuicios en el contexto social de la participación; ambos elemento se convierten en factores limitantes en el accionar colectivo frente a la realidad.

Seis, la clase media más consciente, más preocupada “Una clase media moderna que comprende la tecnología de información y usan las redes sociales como Facebook y Twitter para comunicar sus demandas y organizar las protestas. Así mismo, ésta clase media moderna siempre buscaría algo mejor aunque se encuentre cómoda en su zona de confort. La clase media es el sector de la sociedad que tiene la mayor carga del pago de los impuestos por lo que exigen al gobierno la responsabilidad del funcionamiento de las instituciones y los servicios públicos” (De La Cruz. 2013). A pesar de ello, su participación en expresiones populares tiene grandes limitaciones; entre estas su vinculaciones laboral a determinadas estructurales laborales gubernamentales y privadas como asalariados, su participación conlleva el riesgo de perder poder adquisitivo e ingresos. Esta en sí, no realiza transformaciones a la realidad social, por ella la alianza con los sectores en condiciones de pobreza es determinante.

Ahora, es resulta un callejón sin salida los pobres en condición de supervivencia con total desprendimiento de la realidad nacional, porque la individual le demanda grandes esfuerzo para sobrevivir y satisfacer la necesidades mínima en una visión cotidiana no ve en las en la protesta social un factor de cambio. La clase media consciente, activa pero limitada no articula, no lugar transmitir e internalizar a otros sectores lo actual y los riesgo inherente a este. Finalmente, quienes ostentan el poder político y económico, en Panamá no encuentran contrapeso y seguirá la protesta social una expresión legitima con profundidad, consiente pero sin impacto.

Alexander A. Alleyne Botacio
Sociólogo

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Central Nacional de Trabajadores de Panamá