Opinión dominical

Nada de lo hagan hablen o decidan los partidos políticos nos debe parecer extraño y menos sorprender a nadie.

Lo primero es que nada de lo que oímos o vimos por TV el pasado sábado en la Asamblea Nacional fue la versión auténtica de aquella historia sabatina. Lo que realmente ocurrió fue lejos de cámaras de video y micrófonos. Para conocer la verdad o aproximarnos a ella habrá que seguirles los pasos a las declaraciones de los protagonistas y/o monitorear el comportamiento de los diputados en el futuro inmediato.

De momento conviene que registre la opinión que nos provoca aquel desenlace legislativo.

Se repite aquello de que los únicos que pelean en política son los seguidores fanatizados que se imaginan posiciones irreconciliables entre las cúpulas partidistas. Ellos se entretienen en privado (más de lo que cualquiera de nosotros logre imaginarse) aunque riñan en público como secuela del legendario circo romano que cada vez que les conviene nos lo reeditan a plena luz y mostrando sus legítimas caras de acero inoxidable.

Lo otro es que ninguno en la Asamblea Nacional, cree en los intereses del País como le place llenarse la boca e inflar el pecho. Todos tienen intereses particulares (personales de grupo o de partido) que son sus infalibles puntos cardinales para discutir y decidir los temas que le conciernen al pueblo. Si hay alguno fuera de esa mácula, diré que está por verse o probarse.

Entre ellos no existen los victoriosos en gloria, ni traidores en desgracia. A los que “desobedecieron” la línea del partido les ira tan bien como a los que sí “cumplieron”. La negociación que apenas empieza con el reparto de las comisiones de trabajo mes abre espacio para que todos terminen degustando en la misma mesa y radiantes como en los últimos 3 años. Los disidentes terminan siendo tolerables para el resto porque al final, los tiros de esos francotiradores ayudan a balancear la imagen colectiva, no le impide a la mayoría seguir con el “juego de cartas” y están blindados frente a esas denuncias o quejas (a sabiendas que son balas de salva) porque no llegan a puerto seguro y cuando atracan (si lo logran) habrá otro escenario y otros personajes. Y dirán entonces: veremos qué pasa.

La ideología en la AN es ya un objeto extraño y añejo reducido a un socavón académico que apenas sirve y tiene utilidad para que algunos se remocen el rostro según las necesidades o conveniencias del momento.

El triste espectáculo de los diputados impone el diagnóstico de que ese órgano legislativo ya no tiene cura y sólo mientras. No se extirpa el agente infeccioso que habita en el texto constitucional, que es de donde sale el embrión de este despropósito que Panamá no merece seguir padeciendo de ninguna manera.

Por: el Licenciado Víctor Collado.

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