NOTA EDITORIAL 43 “Independencias e independencias”

Una cosa es cuando una nación en proceso de conformación forja soberanamente una política de alianzas internacionales para respaldarse, como lo Washington con Francia o Bolívar con Inglaterra y otra muy distinta es cuando una potencia divide una nación para debilitarla en función de dominarlas bajo sus intereses propios.

José Martí luchó por la independencia de Cuba, pero fue derrotado, y que la guerra de 1898 contra España por parte de EE. UU. no era en apoyo de la emancipación cubana o puertorriqueña, sino más bien era para arrebatarle las islas al decadente imperio español poniéndolas bajo su dominación. 

La geopolítica del siglo XX la comprendemos sobre el razonamiento de que muchos países fueron moldeados por las potencias capitalistas a sus intereses, por saquear recursos y materias primas, desconociendo las razones nacionales e históricas de los pueblos.

Si comprendemos esto, no se explican las guerras nacionales que siguen asolando al mundo, muchos países fueron creados artificialmente por motivos geopolíticos: Taiwán frente a China; las dos Koreas, el fracaso del Congreso Anfictiónico de 1826 por intromisión del gobierno norteamericano; el fraccionamiento de Centroamérica en cinco pequeñas repúblicas bananeras; la separación de Panamá de Colombia se produce en este escenario, prueba de ello, es cómo las resoluciones de la Junta Provisional emanaban de Bunau Varilla que representaba los intereses de la compañía del Ferrocarril, y no de los intereses de la nación panameña.

¿Cuál es el legado del 3 de noviembre de 1903? ¿Un país independiente?, Lamentablemente que no. Los próceres no nos legaron, ni siquiera, una “independencia mediatizada”, como insisten sus defensores, sino un “protectorado”, bajo el dominio de los Estados Unidos y de sus lacayos serviles de la oligarquía criolla.

Es decir, una colonia controlada en todos los sentidos por Estados Unidos tal cual lo dice el Tratado Hay-Bunau Varilla, refrendado por ellos sin leerlos ni traducirlo al español, y el artículo 136 de la Constitución de 1904.

El pago de los 10 millones de dólares por la firma del Tratado Hay-Bunau Varilla, es el reflejo más ridículo y a la vez el más real de cuan poco independiente estos llamados próceres hicieron de Panamá.

 ¿Carecemos de pasado heroico y orgullo nacional? Claro que No. Pero el heroísmo y lo  que tenemos de independencia y soberanía no lo obtuvimos de los gestores o próceres del 3 de noviembre de 1903; sino de los verdaderos insignes combativos que ofrecieron  lucha, su sangre y su vida como la guerra de los mil días, los soldados de Coto de 1921, los trabajadores y luchadores sociales del Movimiento Inquilinario de 1925, la Juventud patriótica  de1947, de 1958 y 59, la huelga de los trabajadores de las Bananeras en 1960 y sobre todo la gesta heroica de los Mártires de 1964, la lucha alcanzada con los tratados Torrijos-Carter como también la valiente defensa y lucha contra la invasión militar de1989; a ellos es que, debemos rendirle tributo y homenajearlo perennemente.

Debemos rescatar que el istmo por primera vez en su historia lograba un sistema democrático de gobierno, a través del sistema federado de los Estados Unidos de Colombia; sin embargo, la población colombiana y la panameña no estaba aún preparada para esta nueva forma de gobierno lo que produjo una permanente inestabilidad y revueltas armadas en su territorio.

Tomando en cuenta estas circunstancias políticas Rafael Núñez deroga la Constitución de 1863 mejor conocida como la de Rionegro y abre un periodo conocido como La Regeneración, en que Panamá perdería su estatus político como Estado Federal y con ello su democracia representativa.

El disgusto con la pérdida de libertad, aunado a las guerras civiles y posteriores muestras de indiferencia del gobierno centralista bogotano de Núñez hacia el bienestar del istmo, consolidarían el deseo de independencia de los panameños.

En 1885, el movimiento de insurrección de los gobiernos locales colombianos contra el centralismo de Núñez llegó a Panamá, encabezado por el cartagenero Pedro Prestán, quien fue derrotado prontamente; para 1899, se da inicio al más el conflicto armado, la Guerra de los Mil Días.

El doctor Belisario Porras en 1900, se une a la guerra con el desembarco de un grupo de hombres armados procedentes de Nicaragua, apoyados por el presidente José Santos Zelaya de Nicaragua.

Para pagar los gastos de la guerra civil, el gobierno bogotano impuso impuestos a la sal, igual que la matanza de reses como a otros que polarizaron aún más a la población del istmo e incentivaron el espíritu de lucha de los panameños, así fue que el cholo penonomeño Victoriano Lorenzo se levantase en armas contra el gobierno centrista bogotano opresor  del Istmo.

La Guerra de los Mil Días terminaría con alrededor de 4 mil muertos y destrucción de la economía, pero con la consiguiente firmeza del nacionalismo y deseos de autonomía, en cuyo resultado directo fue la posterior separación de Panamá en 1903, a pesar de todas las tramas y de entrega de la soberanía nacional que significó este hecho.

 La Central Nacional de Trabajadores de Panamá, con una lectura histórica retrospectiva, objetiva y con sentido de clase revolucionaria patriótica considera, que la historia panameña del siglo XX no se puede comprender sino como de lucha histórica constante contra la imposición colonialista del 3 de noviembre de 1903 y que continúa su curso permanente por la total independencia, soberanía nacional y contra el neocolonialismo norteamericano.

Resistir, luchar y vencer.

¡Venceremos!,

Panamá, 7 de noviembre de 2020

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