¡Llegaron las vacunas! O… pensamiento crítico, ¿dónde estás?

“Me resulta inverosímil, […], que los intensivistas demanden contemplar en esta vuelta a personal del sector privado. O ¿se les ha olvidado que […], se trata de negocios?”

La noticia más publicitada por los medios en los últimos días, aparentemente portadora de felicidad para una parte de la población -para otros tantos, ni fu ni fa-, ha sido la llegada de varios miles de dosis de la vacuna de la transnacional Pfizer-BionTech. La gestión de su aplicación inicial, no obstante, generó toda clase de panegíricos, a la vez que reprobaciones, esto, en virtud de que se conoció de aplicaciones de vacuna a médicos que no han tratado estos casos.

Según me contaron, el berrinche fue de tal magnitud, que hasta gremios como el de los intensivistas elevaron su molestia al plano público. En efecto, estos manifestaron que: “resulta desalentadora y frustrante para todo el personal que durante más de 10 meses ha contribuido de manera continua en la atención de los pacientes infectados por COVID-19”. (Asociación Panameña de Médicos Intensivistas, 21 de enero de 2021).

Cuando pregunté en algunos de los sitios donde presuntamente se dieron estos casos, ¿cuántos fueron esos “juegavivo” a los que se le aplicó la vacuna, según criterio de los que estaban en primera línea de batalla? En Ningún caso me supieron sustentar que habían sido decenas o cientos de ellos. Es decir, se trató de una porción que, ante las 641 dosis aplicadas, no hubo confirmación de que hubiese sido más de un 10 %, cuando mucho, de “no aptos” para ser inyectados.

Además, de las 6420 personas por administrarle la vacuna en esta primera vuelta, representaba apenas un 10 %. ¿Cómo podían afirmar categóricamente este y otros grupos que los están excluyendo de la vacunación? A ese ritmo, cabe esperar que aproximadamente un 10 % o menos de los que no estaban previstos en las listas oficiales de pertenecer a la “primera línea de combate” lleguen a serles aplicada esa primera dosis. Lo que no quiere decir que no van a ser vacunados, en esta o la siguiente entrega, dado que el personal que tiene que tratar con COVID-19 rebasa con creces esa cantidad de dosis que ha llegado.

Me resulta inverosímil, además, que los intensivistas demanden contemplar en esta vuelta a personal del sector privado. O ¿se les ha olvidado que por más que estén atendiendo enfermos de COVID-19, se trata de negocios? A todos los de mi familia que se hicieron la prueba en el sector privado, les cobraron 100 dólares en promedio por cada hisopado aplicado. ¿Fueron compartidas con el Minsa estas ganancias que sin duda les genera este servicio? Dejemos la ingenuidad para otros eventos.

A fin de cuentas, resulta manifiesto en estas descalificaciones de la actuación gubernamental que no solo nuestra sociedad está dividida entre las clases sociales, entre etnias o confesiones religiosas, sino también a lo interno de las corporaciones del personal de salud, precisamente quienes deberían darnos ejemplo de cohesión social. El comunicado de los intensivistas llega al punto de proponer que: “se emita públicamente el listado de las personas que reciben la vacuna, posición y área donde laboran por cada centro” (Ibidem).

Para determinar las prioridades, la epidemiología social cercana a nuestra historia canalera nos enseña, desde Carlos Finlay, que, eliminando al vector, esto es, al transportador del virus, se controla cualquier epidemia. En este caso, el transportador es la misma gente, dado que no se eliminaría físicamente, lo que procede es eliminar su capacidad de contagio. Ergo, luego del personal que atiende a enfermos de COVID-19 -incluyendo al personal de aseo del que suelen olvidarse con frecuencia- habría que priorizar a la población trabajadora, esa que se ve obligada a contagiarse por subir al metro, a los busitos donde va y viene de sus casas, esos son los agentes portadores del virus y se los llevan a sus viejos y viejas en las casas. No son los adultos mayores los que andan en “poncheras” ni deambulando por sitios riesgosos.

Esto viabilizaría que incluso las actividades llamadas “no esenciales”, pero muy esenciales para llevar el pan a la casa y dinamizar la economía, puedan estabilizarse y emprender su camino de recuperación económica. ¿Será que los del personal de salud se pavearon de estas clases de Epidemiología? Espero que no y aprovechen los espacios de comunicación que tienen disponibles para incidir en ordenar en aspectos más sustanciales del pensamiento crítico, que preocuparse por los que mercantilizan la salud que tienen sus propios medios para resolverlo y por dejar en evidencia la falta de cohesión entre sus pares.

Roberto Antonio Pinnock RodríguezSociólogo y docente de la UP.[1]Estrella. (2021). ¡Llegaron las vacunas! O… pensamiento crítico, ¿dónde estás? Retrieved January 25, 2021, from La Estrella de Panamá website: … Continuar leyendo

Referencias

1 Estrella. (2021). ¡Llegaron las vacunas! O… pensamiento crítico, ¿dónde estás? Retrieved January 25, 2021, from La Estrella de Panamá website: https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/210125/llegaron-vacunas-pensamiento-critico
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