La trampa cultural del subdesarrollo. de Oswaldo de rivero

Después de ensayar todo el pasado siglo XX muchos modelos económicos de desarrollo, desde el estatista hasta el neoliberal, pasando por la sustitución de exportaciones y a veces hasta por el modelo soviético, la cruda realidad es que, con la excepción de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia, los mal llamados “países en desarrollo” siguen en menor o mayor grado, subdesarrollados.

En efecto, en América Latina, Africa y gran parte de Asia, la economía puede inclusive hasta crecer pero persiste el subdesarrollo, caracterizado fundamentalmente, por un grandioso atraso científico y una atroz exclusión social que son fuente constante de pobreza, emigración, protesta social y hasta de cruentos conflictos armados domésticos.
¿Qué es lo que hace, entonces la diferencia entre la mayoría de los mal llamados países “en desarrollo” de América Latina, Asia y Africa y estos cuatro países asiáticos que se han desarrollado? La diferencia la hace el cambio cultural, el renacimiento de una nueva cultura donde se ha dado importancia a las ciencias matemáticas, físicas, químicas, biológica y sobre todo a la investigación científica. Hoy la tecnología derivada de estas ciencias innova las exportaciones de Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia, creando cada vez más prosperidad.

El contraste más impactante entre subdesarrollo y desarrollo surge hoy cuando se compara cualquier país de América Latina con Corea del Sur o Taiwán. Estos dos últimos países eran en 1960 mucho más pobres que cualquier país latinoamericano pero gracias a una profunda revolución educativa científica y una gran política de Investigación y Desarrollo (R&D) dejaron de ser economías subdesarrolladas (agrícolas-textiles) y se convirtieron en modernos países industrializados exportadores de manufacturas, software, microchips, productos biotecnológicos y que investigan en genética y en nanotecnología.

Hoy Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Malasia y también, la China y la India, que no son todavía países desarrollados debido a su gran pobreza, están graduando tantos científicos como los países desarrollados. Estos países asiáticos son los únicos que, aparte de los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, registran anualmente cientos de patentes de invención en la Organización Mundial de la Propiedad Industrial. En cambio América Latina solo cuenta con el 0,7 % de los científicos del mundo y no está innovado ni inventando nada. La región comparada con el Asia es un páramo científico-tecnológico. Salvo el Brasil, ningún otro país latinoamericano, gasta en Investigación y Desarrollo una suma ni siquiera cercana al 1% de su PNB. En el Perú la inversión en investigación científica y tecnológica es casi nula. El estado solo gasta el 0,03 del PIB uno de los más bajas inversiones en R&D en Latinoamérica.

La cultura acientífica.
Como consecuencia de esta histórica falta de vocación por las ciencias exactas y naturales, las sociedades latinoamericanas son hoy verdaderas culturas acientíficas, sociedades donde casi todo el conocimiento se concentra en las humanidades, en los conocimientos jurídicos y las ciencias sociales. Se prefiere la letra que el logaritmo, la retórica que el experimento, la deducción que la investigación, la creencia antes que la duda científica. La erudición es siempre en las letras, en derecho, las artes y ciencias sociales, historia, rara vez es sobre las ciencias naturales, físicas, biológicas, químicas o matemáticas. Así, el discurso académico es casi siempre, literario, histórico, jurídico, sociológico, económico, casi no existe un discurso de las ciencias exactas y naturales, casi no hay artículos, revistas y debates científicos.

En los exámenes PISA (Programa Mundial de Aprobación Estudiantil) organizados por la OCDE, que se toman cada tres años, y que según los expertos, son la prueba estudiantil más respetada del mundo para medir el conocimiento de los jóvenes en matemáticas, ciencia y comprensión de la lectura, los países latinoamericanos que participan que son:-Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica. Chile, México, Perú y-Uruguay, salen siempre en los últimos puestos de la lista de las 65 naciones participantes.

Esta probada cultura acientífica entrampa a los países en el subdesarrollo porque, al no existir invención ni innovación, sus economías solo son capaces de producir y exportar productos primarios o manufacturas con muy bajo contenido tecnológico que tienen menos valor que los productos y servicios de alto contenido tecnológico que importan. En consecuencia, estos países no pueden acumular recursos para satisfacer la constante modernización que exige su explosiva expansión nacional urbana y no tienen otra alternativa que endeudarse para comprar el progreso científico y tecnológico que no saben producir.

Según el Informe del Banco Mundial, El emprendimiento en América Latina: muchas empresas y poca innovación, las empresas latinoamericanos están en la cola de la innovación tecnológica y científica en el mundo, muy por debajo del Asia. EL Banco considera que este atraso tecnológico penaliza el crecimiento de la región porque sus exportaciones se concentran en materias primas y manufacturas de bajo contenido tecnológico. Inclusive los aviones Embrear producidos por el Brasil tienen motores y su sistema electrónico importados del extranjero. Según el Banco el boom las materias primas ha terminado sobre todo por la reducción del crecimiento de la China y el PBI de América Latina del que era de 6% ahora será del 2,3%, es decir, menor de lo que se necesita para vencer la pobreza. Para el Banco Mundial, América Latina ya no puede contar con el sector externo para crecer

Así, una de las causas principales del subdesarrollo es cultural. Los economistas siempre han ignorado las explicaciones “culturales” del proceso de desarrollo. Para ellos solo las formulas económicas explican la riqueza de las naciones. Simplemente, esto no es así, la experiencia empírica muestra, por ejemplo, que un país puede practicar la más radical formula del libre comercio o de proteccionismo pero si sigue sumergido en una cultura acientífica, seguirá siendo una sociedad atrasada, endeudada, pobre porque siempre la faltaran recursos con la exportación de sus recursos naturales para comprar un progreso científico que es cada vez más sofisticado y oneroso.

A muchos políticos tampoco les gusta explicar el subdesarrollo por causas culturales porque esta interpretación culpabiliza a la víctima al señalar que la idiosincrasia del país, incluida la de los políticos, es la responsable de la histórica ignorancia científica nacional. Este argumento, de echar la culpa a la víctima puede ser severo pero no es falso. Al contrario nos lleva a conocer con entereza las verdaderas causas de nuestro subdesarrollo. Nos hace así responsables de nuestro destino. Responsables de hacer una revolución educativa científica, en vez de echarles la culpa siempre a otros países o al injusto sistema económico internacional.

Sin duda, hay factores económicos externos injustos que obstaculizan el desarrollo, pero jamás los vamos a vencer sino realizamos una verdadera revolución educativa y emergemos como una nación innovadora que ama la ciencia y la investigación. Corea del Sur, Taiwán, Malasia y Singapur han tenido también los mismos obstáculos externos de un orden económico internacional injusto, pero han sabido vencerlos, zafándose de su cultura acientífica y con ello de la pobreza. Este mismo esfuerzo se percibe hoy en la China y en la India, mientras que la mayor parte de los países latinoamericanos seguimos culpando a todo el mundo de nuestra pobreza, sin darnos cuenta que con el atraso científico-tecnológico que nos hemos auto infligido estamos condenados a la marginalidad económica global.

La actividad en los laboratorios debe por lo menos igual a la disertación humanista de los auditorios.

Ninguna sociedad podrá salir en el siglo XXI del subdesarrollo solo con humanidades. Estos conocimientos son indispensables, pero no son suficientes para entrar en un verdadero proceso de desarrollo. En efecto, la persistencia de una cultura acientífica en los países, mal llamados en desarrollo, está haciendo que la humanidad ingrese a su tercer milenio como una sociedad planetaria dual. De un lado, una minoría próspera de países que viven de una cultura científica que inventan e innovan productos y servicios. Del otro, una mayoría de países pobres, como el Perú y los latinoamericanos, con una cultura acientífica, que siguen viviendo de la explotación de recursos naturales y de manufacturas de muy bajo contenido tecnológico, comprando cada vez más caro el progreso científico y tecnológico que no pueden producir.

La transformación de las culturas acientíficas de los países atrasados de América Latina, Asia y Africa no será nada fácil. Se necesitará, nada menos que una profunda revolución educativa, desde la escuela primaria hasta la universidad. Al mismo tiempo, establecer, lo más rápido posible, una efectiva estrategia nacional de R&D, para incrementar el contenido tecnológico de la producción y las exportaciones.

Desde la más temprana edad hay que modificar la pedagogía y orientar a los alumnos a que tengan curiosidad por las ciencias experimentales y las fórmulas matemáticas. Las universidades deben hacer actividades empresariales conduciendo investigación industrial para las empresas y estableciendo con ellas proyectos conjuntos. Asimismo, el gobierno debe dar incentivos a las empresas y personas que desean innovar.

Sólo así ira emergiendo una nueva cultura donde la actividad en los laboratorios sea por lo menos igual a la disertación humanista de los auditorios, donde la terminología científica abunde tanto como las frases retóricas y donde las publicaciones en ciencias aplicadas equiparen, al menos, a las publicaciones de derecho, historia, economía o sociología.

Hoy, para saber si un país está verdaderamente “en desarrollo”, no hay que impresionarse con el crecimiento de PBI, alimentado por la bonanza temporal de exportaciones primarias y otras de bajo contenido tecnológico, sino observar, si está surgiendo una sociedad con conocimientos científicos, si se están graduando tantos o más científicos, ingenieros y tecnólogos que abogados, letrados, historiadores, sociólogos o psicólogos. Y sobre todo, verificar si el estado, las empresas, las universidades, los institutos invierten en R&D para innovar constantemente la producción, tal como sucede hoy en Corea del Sur, Singapur, Taiwán y Malasia y comienza a suceder en India y China.

Una señal verdadera de que comienza en el Perú un ciclo virtuoso hacia el desarrollo seria la existencia de una efectiva estrategia nacional R&D acompañada de una revolución educativa para librarnos de la trampa de la cultura acientífica que nos mantiene hoy en el subdesarrollo. Esta señal no se está dando en el Perú, ni tampoco en Latinoamérica, donde la cultura sigue siendo sólidamente acientífica, donde las exportaciones siguen teniendo poco contenido tecnológico, donde el PBI, se incrementa con exclusión social, donde los ricos viven en un paraíso vigilado, la clase media en el purgatorio de la lucha por superar sus bajos ingresos y los pobres en el infierno de la escasez.

(*) Este articulo está basado en el Capítulo VII del libro del autor: “El Mito del Desarrollo y la Crisis de Civilización” obra traducida a seis lenguas, cuya última edición en español, acaba de ser publicada en el Perú por el Fondo de Cultura Económica.

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