La difunta justicia

El problema de las minas a motivado a todo un pueblo a  manifestarse contra la Minería en Panamá, desde comunicados, comentarios,  piqueteos, marchas, vigilias, también se hacen versos artículos.

Lo invitamos a leer este aporte que nos hace Elisondro……..

EL DOLOR  DE ALGUIEN CERCANO

Elías Andros

Al entrar al Hospital Santo Tomás me encontré a un hombre ya maduro, pero que me era imposible hacer un cálculo de su edad, que estaba taciturno, pero que reflejaba su dolor y casi no podía moverse, los pies estaban como pegados al piso, sin embargo su cuerpo se inclinaba  hacia delante dando la impresión  estar un tanto embriagado, al verlo oscilar de forma extraña, me acerqué dispuesto a prestarle  ayuda a un desconocido, al tomarle de un brazo para evitar su caída, pude percatarme que no olía a alcohol, le pregunté ¿Si se sentía mal? y me contestó con la mirada perdida, al responder me dijo:

-Me acaban de confirmar que mi madre está moribunda, en una sala de este hospital. Señor, por favor ayúdeme a llegar a esa sala pues mis pies, no me responden.

No me podía negar, ese rostro compungido, gritaba el dolor por el que este hombre atravesaba.  Lo acompañé a un piso y sala que tenía escrito en un papel que estaba demasiado rugoso, que me llevo a pensar que este hombre tenía demasiado tiempo, con éste papel en la mano, tratando de moverse de este lugar.

Al llegar a la puerta, casi me toco cargarlo, pues sus piernas flaquearon.  El cuerpo de una mujer, logre verlo por la ventanilla de la puerta, tenía un rostro elegante a pesar de la palidez de su faz. Entrar éste hombre y gemir con cansancio casi como si lo hubiese hecho durante varios días, como si  estuviese derrotado, tras una larga lucha. Se situó a los pies de la desahuciada, empezó a murmurar, como si conversara con ella, al principio no lograba entenderle, con el pasar de los segundos; su voz cansada  la logré escuchar con nitidez.

-Madre, te alejaste de nosotros, por complacerlos a ellos, hoy aquí no hay ninguno de ellos y nosotros no hemos dejado de extrañarte.

Ha ya varios años llegaron gente de vestir citadino y de mirada despectiva, se acercaron a  nuestra casa y te hicieron solicitudes cada vez más indecorosas;  al principio sólo fue para verte cerca de ellos, te fuiste alejando cada vez más de nosotros, a los que les debías tus cuidados.      Tus hijos, te empezamos a ver con extrañeza.                                Ya no eras parte de tu pueblo.       Al principio sus solicitudes eran sólo para ver hasta dónde estabas dispuesta a dar, luego hiciste a tus hijos a un lado, nos echaste de tu habitación para hacerlos entrar a ellos. Hoy sus pedidos a ti son hasta groseros y lo que más nos hace repudiarte a ti y a ellos es que hacen las cosas sin esconderse y tu pueblo no recibe ya ni siquiera migajas.

En medio de estas palabras, la mujer abrió los ojos y como si escuchase con claridad quiso extender su mano y rozar el cabello del hombre que estaba a sus pies sin embargo, no alcanzó.       Parece que este esfuerzo,   la agotó, tosió y abrió los ojos de mayor tamaño. El equipo médico lanzó un sonido continúo que formó en la habitación un remolino de gente vestida blanco. Un médico después de hacer esfuerzos denodados por mantenerle con vida, exclamó con voz grave:

-Hora de la muerte de la Señ ora Justicia las dos pm.

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De un día de febrero de 2011

-Por lo menos firmó la condonación a la Minera Petaquilla. Cumplió con su compromiso, que descanse en paz.

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