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Hacia una cultura con identidad y sentido patriótico. Jaime Flores Cedeño

Tomado de La Estrella de Panamá, viernes 18 de enero de 2019.

La política cultural que hemos tenido en las últimas décadas en Panamá no ha estado orientada a realzar el patriotismo y la identidad nacional en todas sus formas y conceptos. El punto de atención de la cultura se ha enfocado en lo superficial, dándole mayor ímpetu a la moda, los géneros actuales y la cotidianidad. Su institucionalización ha caminado por senderos de improvisaciones y patrocinios, imponiéndose el interés privado, por encima del colectivo. Esto ha llevado a que lo cultural sea visto como algo distante y propio de algunas élites que buscan notoriedad y estilos importados de otras latitudes.

Es sabido que no se puede entender el significado de cultura, sino conocemos nuestro pasado histórico en sus distintas etapas evolutivas. En este horizonte el periodo precolombino constituye la base de nuestras primeras manifestaciones artísticas, sociales y espirituales. Esta época primaria se interrumpió con la llegada de los españoles, quienes impusieron su concepto europeo de ‘civilización’, por medio del coloniaje, la esclavitud, el genocidio y la consecuente explotación de nuestros recursos naturales y minerales.

La precitada simbiosis cultural trajo consigo el mestizaje entre el español y las etnias negra e indígena de las que somos herederos en nuestra forma de actuar y pensar. Al periodo colonial siguió la Unión a Colombia y la era Republicana. En este espacio histórico brilló la mente de Don Justo Arosemena, con su obra ‘El Estado Federal de Panamá’, en cuyo contenido se resumen las bases suficientes del ser panameño.

Somos del concepto que toda política cultural que se implemente en nuestro país no puede estar al margen del estudio, la investigación y difusión del pasado, donde sobresalen significativos hechos, gestas y héroes, muchas veces ignorados por la historiografía romántica como: Quibián, Urracá, Bayano, Felipillo, Antón Mandinga, Luis de Mozambique, Tomás Herrera, Santiago de la Guardia, Pedro Prestán, León A. Soto, Victoriano Lorenzo y Ascanio Arosemena, por citar algunos nombres, quienes trazaron el camino de la nacionalidad.

La cultura dentro de su diversidad no se centra solo en el pasado, lo hace también con el presente y futuro, dado que su dinamismo procura interpretar los pensamientos, metas, pasiones y expresiones que nos identifican y diferencian culturalmente de otros pueblos.

En el escenario actual resulta evidente que los gobiernos de turno post invasión han seguido la tradición liberal impuesta desde inicios de la república que le otorgaba una reducida asignación presupuestaria a la cultura. Esto se hacía con la finalidad de evitar el desarrollo de un ciudadano con sentimiento patriótico y que fuera crítico a las políticas de alienación, tanto endógenas, como exógenas promovidas desde el centro del poder político.

A manera de ejemplo, tenemos, que para este año el gobierno aprobó 46.9 millones (menos que el año anterior) para el INAC, de los 80. 8 millones que esta institución había solicitado. La mayor parte de esta asignación corresponde a la planilla de funcionarios, quienes merecen todo nuestro respeto por la labor que brindan, pero que se ven imposibilitados de ejecutar distintos proyectos por la ausencia de un presupuesto cónsono.

Lo expresado se contradice con el impulso y expansión que sectores poderosos de la economía, quienes cuentan con el aval de ciertos personeros del estado le dan a la ‘cultura’ del licor, los casinos y el vicio en todas sus modalidades, abstrayéndose de las consecuencias directas que conllevan estas prácticas en la propagación de enfermedades y accidentes.

La política cultural en nuestro país ha transitado en lo previsible por la inexistencia de planes o proyectos consensuados con la sociedad de cara a fortalecer el patriotismo y las expresiones artísticas e intelectuales, principalmente de niños y jóvenes.

Hace falta también que la cultura salga de los mosaicos y pasillos perfumados, se requiere que se traslade a los barrios de la capital, al interior y áreas indígenas. En un país como el nuestro inmerso en la delincuencia y el pandillerismo juvenil, nos preguntamos, ¿Qué oportunidades y espacios culturales le damos a esos jóvenes desde la infancia? ¿Cuántos talleres de teatro, baile, canto, pintura, poesía y lectura se realizan al año para los sectores populares del país? Lamentablemente, el proceder institucional en materia de delincuencia siempre ha sido actuar de manera represiva, y no preventiva, por ello tenemos los altos índices de delitos en el país.

El rescate de la cultura hacia una dirección de patriotismo e identidad, pasa por preservar nuestra historia, cantos, poesías y tradiciones, desde la familia, escuelas, universidades, comunidades y entidades. En la medida que no fortalezcamos los valores culturales estaremos propensos a perder aquello que nos distingue como panameños.

Esperamos, finalmente que en esta campaña electoral el tema cultural esté en agenda de los candidatos; ya escuchamos al candidato del PRD proponer un Ministerio de la Cultura, esperamos conocer que plantean los otros aspirantes a la silla presidencial.

ABOGADO E HISTORIADOR.

 

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