El verdadero proyecto del gobierno de Martinelli

El gobierno de Martinelli se ha caracterizado en estos dos años por no tener un momento de sosiego.

Ni las medidas demagógicas y populistas, ni las campañas publicitarias, ni los índices económicos favorables, ni los megaproyectos, ni la danza de los millones; han logrado que la sociedad se mantenga en un clima de tranquilidad. Al contrario, cada día el alto costo de la vida agobia más a las familias panameñas y los escándalos de corrupción se suceden inconteniblemente sin que la justicia sea capaz de ponerle freno a la avaricia y facilidad con que los allegados del gobierno se aprovechan de la riqueza del Estado.

El gobierno de Cambio Democrático y Panameñistas se ha encargado de administrar al Estado a su mayor conveniencia y voracidad financiera. Para ello, han contado con la complicidad de las organizaciones empresariales ávidas de sacar beneficios económicos de cualquier megaproyecto o política económica que provenga del gobierno, así sea, aumentando la ya descomunal deuda externa.
Los negocios, ya sean lícitos o ilícitos (la línea límite entre éstos es muy difusa) son el principal rumbo de los que mantienen el poder. Para que el pueblo acepte esta manera de gobernar, sus estrategas se valen de sutiles argucias para desviar la atención; desde una publicidad desmesurada y constante, hasta la creación de falsos positivos políticos. Así, pretenden entretener a la opinión pública con el propósito de desviar la atención del pueblo de los verdaderos problemas que padece.
Entre las formas de desvirtuar la realidad, el gobierno lanza al escenario político las reformas constitucionales, la segunda vuelta electoral y una disputa por la presidencia de la Asamblea de diputados. Tanto las reformas constitucionales, como la segunda vuelta electoral, están orientadas a apuntalar el actual sistema jurídico para garantizar la presencia en el poder a las altas clases empresariales financieras que conforman las actuales dirigencias de los partidos políticos.
Lo que pretenden las clases dominantes es “enderezar el rumbo” de la democracia bipartidista que ha gobernado al país en las últimas décadas turnándose el panameñismo con el PRD. Estas políticas marcadas por el neoliberalismo y que han hecho de la corrupción un estilo de vida, han llegado al tope y agotado la paciencia de un pueblo que espera desesperado que se resuelvan sus problemas, con políticas de desarrollo social y pleno empleo.
El actual gobierno, es producto de ese agotamiento político, pero él mismo, siguiendo su esencia empresarial e ideología neoliberal, no ha podido hacer otra cosa que emular y superar con creces las políticas corruptas de sus predecesores, conduciendo al país hacia una ingobernabilidad e incredulidad, que como en otros países de América Latina, desembocará en el descontento popular generalizado donde la propuesta de una nueva forma de gobernar se va a imponer.
El colapso neoliberal aparece como un fantasma por todos los rincones del planeta, lo que ha provocado una respuesta de los pueblos en algunos casos inesperada, y en otros, la reacción ha sido sorprendente y contundente. En el norte de Africa, en el Medio Oriente, en Europa, en Estados Unidos y en América Latina, los pueblos han dicho ¡Basta Ya! y se lanzan a las calles y a las plazas decididos a luchar por su derechos. Eso arrincona y le preocupa a la derecha mundial, que al unísono, se lanza al ataque con todas sus estructuras y mecanismos de poder (la ONU, la OTAN, el G-8, grandes medios de comunicación empresariales, Internet y gobiernos títeres en todo el mundo). Intentan a toda costa con guerras y amenazas, revertir esta nueva ola de cambios que promete un mundo mejor de equidad y justicia.
Nuestro país esta inmerso en esa ola de cambios, con una derecha dispuesta a entregar todo para continuar con sus privilegios, haciéndose cada día más sumisa a las políticas del imperio norteamericano. En América Latina la política imperialista del panamericanismo se quiebra cada día más con la aparición de gobiernos progresistas, particularmente en América del Sur y el desgaste de los gobiernos neoliberales proimperialistas como el de Perú y Panamá. En nuestra región se plantean alternativas de integración, cuyas políticas económicas, sociales y de seguridad se alejan del dominio de Estados Unidos, lo que hace que el imperialismo reaccione y haga grandes esfuerzos para sabotear estas iniciativas, tratando de socavar instituciones como la UNASUR o el bloque del ALBA, creando organizaciones regionales económicas como las planteadas por México, Colombia, Chile y Perú, para formar una zona de integración económica del pacífico en base a la economía abierta de mercado netamente neoliberal y, donde Panamá es vista con buenos ojos, pues al decir del Presidente Santos de Colombia, “ojalá se nos una Panamá en el futuro y otros países porque esto no es una integración cerrada, es una integración abierta. Bienvenidos a los países que quieran sumarse a este proceso tan interesante”. (http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/presidentes-de-peru-mexico-chile-y-colombia-suscribieron-acuerdo-del-paci)
Como vemos, Panamá es parte de este “proceso interesante” que sumaría a otros gobiernos como el de Costa Rica y Honduras en el área centroamericana, para sofocar la creciente indignación de nuestros pueblos ante las democracias formales que sólo han servido para enriquecer a una minoría privilegiada en nuestros países. Es en este sentido, que la política interna de Martinelli no es más que la mera obediencia a las directrices globales del imperialismo que desesperadamente trata de prolongar su inexorable derrumbe. Por eso no nos extraña que a cada momento los estrategas del gobierno de Martinelli inventen y hagan surgir como de la nada, nuevos problemas o nuevas políticas tanto a lo interno como a lo externo, con el propósito de cumplir cabalmente con esta tarea y congraciarse con sus patronos Yankys, como lo ha sido la ridícula posición del gobierno panameño de reconocer como representantes legítimos a los rebeldes libios ¡Todo sea por el bien de Estados Unidos!
Las organizaciones populares deben estar alerta, pues la derecha interna de nuestro país, baraja varias alternativas para mantenerse en el poder. Las reformas constitucionales son parte de esta iniciativa que busca reajustar los instrumentos políticos a los intereses de la clase dominante. Las diferencias entre la alianza en el poder no reflejan otra cosa que las contradicciones para ver quien se queda con más botín de los negocios financieros que se tramitan desde el Estado. La degradación moral de los partidos políticos es tal, que los “tanques del pensamiento” de la derecha criolla e internacional, ante la inminente ruptura de cambiosdemocraticos y panameñistas, se apresuran a presentar opciones “honestas” como las de Juan Carlos Tapia, que les garantizaría seguir construyendo un país excelente “para hacer negocios”.
Ante esto, todas las organizaciones populares deben abocarse a desenmascarar las intenciones del actual gobierno de reformar nuestras instituciones para reacomodarlas a sus mezquinos intereses, reaccionarios y antipatrióticos. Urge orientar al pueblo a que se levante y se unifique para enfrentar estas políticas nefastas, con el fin de construir un nuevo Estado, con una democracia popular, pluralista y de justicia social, que es el anhelo de la mayoría de nuestro pueblo.
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Campañas de Sindicalismo para no sindicalistas. Marketing Sindical www.monagrillo.net

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