EL GATO NEGRO

Narrativa corta.

Autor: Ramiro Guerra.

El que no ha conocido tener hambre, no puede hablar de esta carencia.

A inicio de los años setenta del siglo pasado, mi hermano Anselmo y yo, vivíamos en una casa condenada en la Avenida Ancón, del corregimiemto de Santa Ana.

Prácticamos el deporte favorito de una inmensa mayoría de panameños: Saltar garrocha.

Por esa época, la calle que conducía hacia el teatro Edison, en una esquina estaba el localizado el Gato Negro. Un restaurante, donde los que a menudo saltabamo garrocha, cuando se podía, resolvíamos el almuerzo. Igual que nosotros, otros panameños eran clientes muy frecuente.

A mediodía, nos plantábamos en el mostrador. Lo mismo de siempre, nos preguntaba el dueño. Si, si, respondíamos. Cinco centavos de arroz, cinco de porotos, cinco de tajada frita, cinco de ensalada de feria y cinco centavos de una pequeñita porción de carne. En total 0.25 centésimos.

Recuerdo que después de semejante almuerzo, a nuestro rostro, volvía la sonrisa.

Hoy me pregunto, ¿cómo hacia el dueño del gato negro para semejante obra de magnificencia?.

8-1-2024

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