El fétido olor de la corrupción

El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa hizo señalamientos fuertes sobre los males que nos aquejan como sociedad. Además del alto costo de la vida y la inflación, hizo referencia pública sobre la corrupción tanto pública como privada y en la administración de justicia, la falta de credibilidad en la clase política y el debilitamiento de las instituciones democráticas.
Las declaraciones públicas hace referencia sobre hechos actuales. Esa peña es en presente. No es para contabilizar hechos del pasado, así que bien sirven de advertencia a las autoridades públicas de donde están los verdaderos problemas del país.
Los señalamientos provienen de la más alta autoridad del orden eclesiástico, por lo que prima facie tienen carácter de veracidad y si el gobierno nacional tiene una posición contraria deberá probar que no es así.
Son verdades que dichas por autoridades partidarias podrían resultar fácil de manejar en los espacios públicos.
Una declaración de ese tipo generalmente se combate ya sea deslegitimizando a su vocero o enfrentándose a la institución sea medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales o partidos políticos.
Pero siendo la Iglesia Católica a través de su máxima autoridad que eleva a la opinión de sus fieles su preocupación nos obliga a atender un malestar público cada vez más preocupante.
La Iglesia Católica está mucho más informada de lo que muchos creen y su red nacional le permite tener un termómetro de la situación que se vive en el país. Que en una Cita Eucarística se esté mencionando estos temas y no los usuales sobre la pobreza, la desnutrición y la inseguridad es una señal de otro distanciamiento o ausencia de confianza en lo que se vende y se publicita, de lo que en realidad se vive y se practica.
Resulta también incomprensible que el Mandatario del país pida nombres. Si él no se entera de lo que pasa en su propio gobierno, entonces si estamos bien mal.

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Que se lo pida a la máxima autoridad de la Iglesia Católica demuestra que su Secretaría de Corrupción, sus organismos de seguridad e investigación y su camada de asesores no le funcionan.
Todas las encuestas de opinión pública manifiestan un problema con la corrupción.
Muchos de los arrimados a su partido político y ahora en puestos de mando y jurisdicción no nacieron en Semana Santa. Eso lo sabemos, pero esa declaración al inicio de gestión cuando señalaba que en su gobierno se podía meter la pata, pero no la mano ha caído en un bolsillo roto.
Sólo juzgar por la comodidad y la holgura con que se desenvuelven económicamente muchos de sus personeros demuestra que hay algo podrido en Dinamarca.
Que los fétidos olores no lleguen a Palacio puede ser por dos razones. Los perfumes que se airean son muy fuertes o ya se han acostumbrado a esas emanaciones.

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