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De Colombia y Venezuela a la partición del mundo (I)


Otro objetivo de la invasión a Venezuela, según el periodista colombiano, es expulsar a la China Popular de Colombia y de la región.
Julio Yao Villalaz
opinion@laestrella.com.pa

Como nunca el mundo se estremece ante la posibilidad de una guerra nuclear y la extinción de la humanidad. A ello nos pueden llevar la soberbia y la insania de algunos líderes con graves anomalías en su ADN, aunque no descartamos la posibilidad de que, por un mal cálculo o una lectura equivocada, se oprima accidentalmente el botón.

Otro, sin embargo, pudiera ser nuestro destino. En vez del apocalipsis, es posible que desemboquemos en un nuevo orden o desorden internacional; es decir, en una recolonización del planeta.

Del escenario bélico actual podemos conjeturar sobre cuáles acontecimientos pudieran generar uno u otro desenlace.

Tomemos, por ejemplo, lo que ocurre en Colombia y Venezuela, que podrían darnos una clave del futuro.
Dos fuentes autorizadas, aunque no coincidan en los detalles, convergen en un presagio preocupante que apunta en una misma dirección, ya que existen en ambos países algunas circunstancias que se influyen recíprocamente y que desembocarían en un conflicto regional centrado en la patria de Bolívar.
La primera fuente es la entrevista a Hernando Calvo Ospina, escritor y periodista colombiano de Le Monde Diplomatique, nacionalizado francés, por Walter Martínez del programa Dossier de Venezolana de Televisión (VTV) y TeleSUR.

La segunda fuente es la entrevista de Erika Ortega Sanoja, de Russia Today (RT), al prestigioso analista francés Thierry Meyssan, de Red Voltaire.
Ospina se sorprende de que muchos latinoamericanos no se percaten o desconozcan las similitudes de los ataques de EE.UU. al Medio Oriente y a África con las actuales agresiones a América Latina —una idea persistente en Thierry Meyssan— y tampoco parecen darse cuenta de que Chávez puso a Venezuela en el mapamundi, pues los venezolanos no valoran debidamente ese hecho.

El periodista de Le Monde Diplomatique sostiene que los presidentes colombianos, en uno solo de sus períodos respectivos, son responsables de más muertes, asesinatos, desapariciones y desplazados que durante las dictaduras militares combinadas del Cono Sur; que el Estado colombiano es un narcoestado paramilitar, ya que su funcionamiento depende del narcotráfico, en tanto que el ejército entrena a los paramilitares, financiados con apoyo de EE.UU.; que la oligarquía colombiana es asesina en grado superlativo y que Álvaro Uribe, enemigo de la paz, es el patrón de la droga y los paramilitares.

Señala, además, que EE.UU. le permite a los paramilitares quedarse con las tierras desocupadas por las FARC-EP y de paso chantajea a la oligarquía colombiana porque conoce sus andanzas y la tiene agarrada por donde más le duele.
Ospina señala que un agente de la CIA en Europa le confió que EE.UU. autorizó las negociaciones de paz del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos con las FARC-EP porque, en caso de invasión a Venezuela, se estima que la mitad de los venezolanos combatirá aunque era posible que las FARC-EP lucharan junto a los venezolanos, lo que es necesario impedir.

De allí las negociaciones para desarmar a la guerrilla, lo cual está dejando que las áreas, antes bajo su control, caigan en manos de los paramilitares que están diezmando a los líderes y activistas de derechos humanos. Por eso, antes de la invasión a Venezuela, como afirmó el agente de la CIA, ‘debemos atarles las manos a las FARC-EP’.

Para cerrar el círculo, EE.UU. le promete a los paramilitares colombianos quedarse con tierras venezolanas, si colaboran con la invasión a Venezuela.

Lo anterior quiere decir que las negociaciones de paz —una legítima aspiración del pueblo colombiano— se instrumentalizan para conseguir la victoria que no se logró en la guerra, y por algo la ejecución de los acuerdos de paz está siendo obstaculizada.

Otro objetivo de la invasión a Venezuela, según el periodista colombiano, es expulsar a la China Popular de Colombia y de la región.

Ospina se sorprende de que una gran mayoría de la población de Venezuela, que es chavista, le tiene temor a una ínfima minoría de opositores fascistas, violentos y asesinos, que merecen ser reprimidos conforme a la Constitución.

La inserción de Colombia —de sus fuerzas armadas y paramilitares, que ahora están calentando la frontera con Venezuela— a la invasión de este país, confirma nuestros temores.

Ospina advierte que EE.UU. ‘está al borde de la locura’, y en eso no le falta razón: al ver cómo se derrumba el imperio y se desmoronan las bases de la nación, no es extraño que la locura sea una expresión de impotencia.

EL AUTOR ES ANALISTA INTERNACIONAL Y EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR.

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