Cumplir la Constitución y la Ley.

Por: Carlos Ayala Montero.

constitucion-de-panama-2012Las principales autoridades del país, electas o designadas en altos cargos, cumplen la formalidad de jurar cumplir con la Constitución y la ley,  pero cuando violan abiertamente ese juramento nadie les recuerda, la existencia del delito de falsedad de juramento en nuestro derecho penal vigente, y nadie por supuesto, está dispuesto a juzgarlos, dada la inexistencia de la separación de poderes y la condición subalterna de todos los poderes a uno sólo.

Qué hacer entonces en caso que las autoridades que juraron cumplir con la Constitución y la ley se asocien para pisotearlas, en perjuicio de la sociedad y en beneficio de sus enfermizas codicias? La sociología  jurídica sugiere algunas ideas.

Henry David Thoreau expresaba en 1948, que la respuesta debe ser la desobediencia civil, consistente en no pagar impuestos para evitar que los dineros del pueblo fueran usados en su contra; parte de ese pensamiento estuvo presente en la resistencia pacífica de Mahatma Ghandi y de Martin Luther King, en sentido contrario a fundamentalismos enfermizos de los que desean controlar a la sociedad.

John Locke sustentaba que el derecho de rebelión, de deponer a los gobernantes, es más un deber que un derecho, es una ley superior al Estado, por el alto encargo que posee el pueblo de defender la ley, asumiendo que la misma recoge los altos intereses de toda la sociedad y no los de un grupo de pillos engatusadores y mentirosos que legislan (e interpretan la norma)  contra ella. Los hombres deben defender sus derechos contra los que no los respeten, decía Locke.

Ortega y Gasset en 1937 y John Rawls en 1980, comparte la idea de que el poder se basa en el reconocimiento social de los que se someten a él; y que cuando ese poder se divorcia de la opinión pública y se hace dominante por la fuerza y no por la convicción, “entonces ese poder está condenado a marchitarse, cuando no a derrumbarse estrepitosamente”, por la reacción del grupo social.

Los grupos dominantes viven del temor y la sumisión de los dominados escribían en 1910 los revolucionarios mexicanos, y con el tiempo, ambos grupos se acostumbran a esa realidad; pero la rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte; si hay rebeldes en un pueblo, la vida está asegurada y asegurados están también el arte, la ciencia y la industria, porque ella es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir en una sociedad justa; Sin la rebeldía “la humanidad andaría perdida aún en la Edad de la Piedra, la inteligencia humana ya habría naufragado en el lodo de los dogmas; sin ella, esta América hermosa continuaría durmiendo bajo la protección del misterioso océano”, decían. La rebelión es en resumen, consustancial a la humanidad, y debe ejercerse ante el falso juramento de obediencia a la Constitución y la ley.

La propia historia panameña muestra ejemplos de ejercicio del derecho a rebelarse contra la injusticia proveniente de los poderosos, en diferentes estadios de nuestro desarrollo histórico.

Cuando los encargados de cuidar y defender la Constitución la desobedecen, la pisotean y la anulan en perjuicio de los derechos de las mayorías, esas mayorías tienen el derecho, el deber  y la autoridad moral, ética y filosófico-jurídica de desoir sus instrucciones, sentencias o leyes, de la manera que juzguen más convenientes!

 

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