Crisis en Venezuela. El cerco a Caracas y sus inspiradores.

Consuelo Ahumada. Profesora universitaria y miembro de la Mesa Directiva de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas. Integrante del Comité Ejecutivo Central del Partido de Trabajo de Colombia, PTC

Desde hace dos meses, día tras día, con una insistencia pocas veces vista, los medios y agencias de noticias del hemisferio se empeñan en difundir la magnitud de la crisis que vive Venezuela. Proliferan fotos, videos y grabaciones, declaraciones y tweets, con los que se pretende mostrar a un país al borde de la guerra civil, cuyos bandos estarían representados por una oposición valiente y democrática en permanente movilización callejera, y un régimen opresor y represor, empeñado en mantenerse en el poder a como dé lugar. Ha habido pronunciamientos cada vez más frecuentes y fuertes de Estados Unidos, la OEA y de algunos mandatarios de la región a favor de un cambio de gobierno en el país caribeño1.

Sin embargo, la visión que se presenta de Venezuela no corresponde a la realidad. Por supuesto, no se trata de negar la polarización política ni las dificultades económicas y sociales, que son evidentes, sino de cuestionar cómo estos medios, y las fuerzas nacionales e internacionales que los instigan, han exacerbado y utilizado dichas dificultades en su empeño por desestabilizar y derrocar al gobierno legítimo del país, para regresarlo al pasado anterior a Hugo Chávez.

Fui invitada a Caracas hace dos semanas a participar en una reunión con intelectuales, artistas y activistas del mundo entero, convocada por las autoridades venezolanas. Tuvimos oportunidad de conocer de primera mano el análisis juicioso y detallado que hacen sobre la difícil situación, las causas y cifras de la crisis y las perspectivas que se plantean para salir de la misma. Se dio una importante discusión sobre todos estos temas.
Llegué a la ciudad un día antes de la reunión, entre la incertidumbre, el temor y la curiosidad por lo que encontraría, en medio de semejante despliegue de información. Aproveché para caminar por la ciudad y tratar de familiarizarme con la situación. Recorrí la zona del centro de lado a lado, buscando los vestigios del desastre, pero, la verdad, no los encontré. Entré a sucursales de reconocidas cadenas venezolanas de productos de salud, así como a supermercados y “abastos”, pero no vi allí la tan promocionada escasez que insisten en mostrarnos.

Me subí al metro, que funciona de forma más o menos regular, con la congestión normal de este sistema de transporte en las horas de mayor flujo, pero sin las condiciones de indignidad del Transmilenio de Bogotá. Eso sí, el tiquete vale una ínfima parte del pasaje del cuestionado sistema de transporte bogotano. A pesar de las dificultades y a simple vista, los caraqueños parecen llevar una vida normal, salen a trabajar, consumen en las cafeterías y restaurantes, se sientan en las bancas de los parques, pasean, comen helado.
Pero tuve todavía más sorpresas en esta ciudad “en guerra”. En el hotel en donde estuve alojada se desarrollan eventos diversos, como en cualquier hotel de cadena en el mundo, entran y salen los huéspedes, se relajan en la piscina o hacen ejercicio en el gimnasio. Algunos incluso trotan temprano en la mañana o al atardecer por las calles, como en cualquier ciudad del mundo. Al encender el televisor, encontré varios canales, nacionales e internacionales, en español y otros idiomas, algunos oficiales y otros de oposición, incluidos Caracol Internacional y el canal de El Tiempo. Ello a pesar de que se insiste en que el gobierno controla por completo todos los medios.

Por supuesto que las marchas recurrentes son reales, aunque no todas son tan masivas como se pretende mostrar. En términos reales, están concentradas en las ciudades y los municipios en donde la oposición es más fuerte, en especial aquellos de clase media alta. Se registra una cifra de más de medio de centenar de muertos, pero solo una parte reducida de estos han sido responsabilidad directa de la Guardia Civil y son objeto de investigación. Buena parte de ellos han sido víctimas de accidentes diversos, algunos de ellos en circunstancias fortuitas relacionadas con la movilización. Otros han recibido ataques a quemarropa, con armas hechizas, dentro del mismo bando de la oposición, como en el caso del joven violinista que causó especial conmoción. Por lo general, las marchas concurridas de la mañana terminan en la tarde en manos de forajidos, encapuchados y delincuentes armados, responsables de los mayores desmanes, muchos de ellos incitados y financiados por reconocidos líderes de la oposición.

Lo cierto es que en tiempos recientes es difícil encontrar un caso tan claro de manipulación estratégica de la información con el objeto de generar las condiciones para un golpe, duro o blando. Basta mirar la poca atención y seguimiento que estos mismos medios le han dedicado a las enormes movilizaciones que se han registrado durante el mismo período en Argentina y Brasil, en contra del desmonte de la inversión pública y del arrasamiento de los logros sociales, alcanzados durante los gobiernos anteriores. Tampoco les preocupa las desapariciones y crímenes de estudiantes, dirigentes sociales y periodistas en México, en los cuales se han visto implicadas las fuerzas del Estado. Para no mencionar también la gran movilización social que se registra en toda Colombia por estos días. Por supuesto que todo ello merece poca atención y seguimiento por parte de los medios.

Los informes oficiales del gobierno venezolano, basados en cifras del Banco Central de Venezuela (BCV) y del Instituto Nacional de Estadística (INE), reconocen las dificultades que ha venido atravesando la población, sobre todo en los últimos tres años, desde cuando se produjo la caída de los precios del petróleo. Sin embargo, estas dificultades no pueden ocultar ni empañar los enormes avances en materia social alcanzados durante 18 años por la Revolución Bolivariana y reconocidos por entidades como la FAO y la Cepal. Avances en materia de reducción de la mortalidad infantil, nutrición, educación y salud pública, pensión y seguridad social, acceso a la cultura y condiciones de bienestar. Aunque los gráficos oficiales registran una reducción en algunas de estas cifras en los años recientes, los resultados previos han sido notorios, si los comparamos con las cifras del año 1999 o con las de países como Colombia.

Las autoridades destacan con preocupación la escasez de algunos bienes de primera necesidad, en especial alimentos, medicamentos, productos de aseo y de hogar, la mayor parte importados, pero otros también producidos en el país. De igual manera, faltan bienes necesarios para el proceso productivo, materias primas e insumos. Productos de consumo estratégicos, como la harina de maíz, las caraotas, el arroz, el café, han sido objeto de una campaña de acaparamiento programado por parte de los especuladores, que se empeñan en deslegitimar al gobierno ante los sectores de la clase media y popular. Esta práctica, que no es nueva, se ha intensificado en el último período.

Igualmente grave ha sido el desabastecimiento de medicamentos, de uso ambulatorio y hospitalario, así como de material médico quirúrgico, por parte de dichos acaparadores. Los datos muestran que no se han reducido las importaciones de alimentos y medicinas. Muy por el contrario, ha habido cuantiosos desembolsos de divisas efectuados por el gobierno en los años recientes, para este último fin. En términos generales, existe un monopolio de las importaciones en pocas empresas, que también practican el acaparamiento, y se valen de la tasa de cambio del mercado paralelo para generar la escasez e incrementar sus ganancias. A todo ello se suma el saboteo de las transacciones financieras del país por parte de la banca internacional, y la manipulación del índice de Riesgo-país, lo que le ha representado enormes sobrecostos a Venezuela.

Para hacerle frente a esta difícil situación, el gobierno adelanta la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, mediante un mecanismo contemplado en la Constitución Bolivariana. Este proceso busca contribuir a reconciliar el país, corregir errores, darle piso jurídico y consolidar las llamadas Misiones sociales, fortalecer y diversificar la economía y ampliar la movilización y el respaldo social al proceso revolucionario.

En medio de semejante asedio, la República Bolivariana necesita el apoyo y el respaldo de todos los demócratas de América Latina y del mundo.
Nota

1 No es extraño que estos pronunciamientos se produzcan en el marco de una visita oficial a Donald Trump. Aunque sucedió con Peña Nieto, de México, y Macri, de Argentina, el caso del presidente colombiano es quizás el más indignante. Pocos días después de su entrevista con el presidente de Estados Unidos y de comprometerse abiertamente con su estrategia contra Venezuela, despliega tanques de guerra en Paraguachón, en La Guajira, frontera con Venezuela.

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