Crisis del Capitalismo y Consecuencias para la Clase Trabajadora.

capitalismo crisisLos pueblos del mundo y especialmente los sectores populares estamos sufriendo las consecuencias de una crisis del capitalismo. Una crisis como nunca antes hemos vivido. Una crisis que es global y estructural.

Es una crisis global porque, a diferencia de las anteriores crisis del capitalismo en el siglo XIX y en el siglo XX, en este sistema-mundo capitalista las resistencias son locales, pero sin haber construido todavía un frente alternativo al capitalismo. Los pueblos están dejando de creer que el capitalismo sea democrático, y también se va dejando de creer en una democracia capitalista. Sin embargo todavía no se ha construido una alternativa al mismo de carácter global, como la crisis que vivimos.

Y es una crisis estructural porque es la combinación de varias crisis, económica, financiera, energética, climática, alimentaria, hídrica, institucional, política y de valores. No solo padecemos la crisis de un sistema económico y de producción que no da más de sí, que para elevar la tasa de ganancia, o mantener la plusvalía producida a costa de la explotación de los pueblos, trabajadores y la naturaleza del Sur, tiene que convertir a la Madre Tierra y a las personas en objeto de su despiadado dominio depredador.

Queremos resaltar la crisis climática como la cristalización de todas las crisis; la supuesta alternativa de la economía verde como respuesta al desastre ambiental que sufrimos no suponen más que la privatización de la naturaleza y el resto de bienes comunes, así como la demostración de que no existe capitalismo con rostro humano, estamos en una etapa del capitalismo donde se mercantiliza todo, la vida y los bienes comunes.

Todo ello mientras se ponen en marcha guerras imperialistas para depredar los recursos naturales de los pueblos en un círculo vicioso en el que esos recursos naturales sirven para alimentar la industria de la guerra, demostrando la voracidad del imperialismo. Recursos naturales, energía y agua son objetivos del imperialismo que los pueblos y los trabajadores tenemos la obligación de defender, pues son el futuro que debemos dejar en herencia, la Madre Tierra que debemos cuidar pues es nuestro hogar.

El capitalismo ha adoptado por tanto una medida geopolítica planetaria y la crisis expone la contradicción básica del capitalismo: la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista de propiedad sobre los medios de producción y la apropiación de sus resultados. En las crisis, el mecanismo entero del modo capitalista de producción, queda subordinado a la presión de las fuerzas productivas creadas por el capitalismo.

La consecuencia de todo ello es que existen 1000 millones de personas que pasan hambre en el mundo según la FAO y desde que comenzó la crisis el número de pobres ha aumentado en 100 millones de personas.

Pero si bien la pobreza y el hambre son los efectos más visibles de la crisis del capitalismo, todo ello va unido a la pérdida de derechos sociales de la población, especialmente de los derechos laborales. El capital va a intentar salir de la crisis a costa de los trabajadores.

La fase superior del capitalismo es el imperialismo y el neoliberalismo en cuanto a destrucción creativa y política anti-obrera. En ciertos de los países de América Latina se pudo frenar el consenso de Washington y las recetas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que buscaban las privatizaciones y restricciones de las políticas sociales, pero hay otras partes del mundo cuyos pueblos siguen sufriendo la receta neoliberal como supuesta salida a la crisis. Sin embargo, siguen aumentando las tasas de desempleo, y recortando los derechos sociales, la salud, la educación, a la vez que desahucian familias enteras mientras rescatan a los bancos.

Sin embargo las recetas neoliberales ya ni siquiera pueden resolver los problemas de los países del centro del sistema-mundo capitalista. Dichos países cuentan a veces con gobiernos paralelos bajo la forma de las compañías transnacionales que son nuevas formas de las que se dota el imperialismo para operar en los países supuestamente en desarrollo. La riqueza de unos pocos supone la miseria de una buena parte del planeta.

Ya lo definió perfectamente Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo: “Por supuesto que hay lucha de clases y los ricos estamos ganando”.

Por lo tanto, si la lucha de clases sigue más vigente que nunca, la construcción de un proyecto alternativo que haga frente a la crisis del capitalismo solo puede venir de los sectores populares y trabajadores organizados. La lucha sindical por tanto cobra especial vigencia en la coyuntura actual.

Y la lucha sindical contra el capitalismo solo puede tener como horizonte el socialismo. En un mundo globalizado donde la socialdemocracia se vendió al neoliberalismo y el socialismo construido en el siglo XX ha tenido debilidades, la construcción en el siglo XXI de un socialismo indemne de los retrasos y debilidades que tenía durante el primer esfuerzo de su implementación es tarea urgente y necesaria.

Y como ya lo definió la Central Obrera Boliviana en su Tesis Socialista de 1970, están equivocados aquellos que sostienen que las organizaciones sindicales deben limitarse a jugar el papel de sindicatos tradeunionistas, es decir, circunscritos a la lucha puramente económica. Sin abandonar la lucha en defensa de las condiciones materiales, los trabajadores debemos intervenir en la vida política del país en nuestra condición de vanguardia revolucionaria. Vanguardia que en el caso de Bolivia y otros países se complementa con el proyecto político de las naciones y pueblos indígenas originarios y campesinos, que fusionan la lucha sindical con lo comunitario bajo un horizonte de “socialismo comunitario”.

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