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Cortados con la misma tijera por Rafael Carles


La historia política de Panamá está llena de personajes y caracteres, con rasgos tan diversos y peculiares como la intelectualidad de Harmodio Arias, la audacia de Arnulfo Arias, la sagacidad de Adolfo de la Guardia, la implacabilidad de José Remón, la honestidad de Ernesto de la Guardia, el patriotismo de Roberto Chiari, la frialdad de Marcos Robles, la tolerancia de Guillermo Endara, la arrogancia de Ernesto Pérez Balladares, la superficialidad de Mireya Moscoso, la indecisión de Martin Torrijos, la ordinarez de Ricardo Martinelli y el engreimiento de Juan Varela.

Pero a pesar de estas grandes particularidades, nunca habíamos tenido dos presidentes tan similares y con mandatos constitucionales tan seguidos uno del otro como Ricardo Martinelli y Juan Varela. Uno tal cual como el otro, como si lo hubieran cortado con la misma tijera. Ambos presidentes de partidos políticos, muy hábiles en hacer acuerdos, expertos en alentar el transfuguismo, ambiciosos por el poder, con afanes de hacer megaproyectos, de viajar por doquier y de tener círculos cero conformados por hermanos, socios y compañeros de colegio.

Pero si existe una característica que los separa de los demás es que ambos provienen de las filas de la empresa privada. Multimillonarios, productores vinculados a la caña de azúcar y pertenecientes a todos los gremios de comerciantes, industriales y distribuidores de alimentos y bebidas en el país. Jamás imaginamos que todo resultaría como ha salido, porque el pueblo les dio la oportunidad de cambiar a Panamá para bien y ambos fracasaron en la misión encomendada. Cada uno dejó el país peor de cómo lo encontró. ¡Sí!, con dineros públicos invirtieron y construyeron obras faraónicas pero ambos se inmiscuyeron en otros Órganos del Estado, extralimitaron funciones, permitieron actos incorrectos, erosionaron la institucionalidad y dejaron promesas incumplidas. En papel, como “dignos” representantes del sector privado, son malos ejemplos para futuras generaciones de empresarios que quieran aventurarse en la vida pública.

El pecado más grave de Martinelli fue utilizar el poder para manipular, influir y entrometerse sin el menor desparpajo durante los cinco años que duró su mandato en todos los aspectos de la vida del país. No obstante, como fiel alumno, Varela pecó por no haber cumplido el mandato de la Constitución Política de la República de Panamá que establece en su artículo 17 que toda autoridad está instituida para proteger en su vida, honra y bienes a los nacionales donde se encuentren y a los extranjeros que estén bajo su jurisdicción. Un botón de muestra es el caso Waked.

Desafortunadamente, ambos dejaron pasar el tiempo y obviaron dos temas claves como son la crisis de la Caja del Seguro Social y la urgencia de crear reglas nuevas para fomentar y rescatar el sector agropecuario. Ambos mostraron una epidermis súper sensible y desatendieron el consejo sabio y resintieron toda crítica proveniente de amigos, personas y medios de comunicación que les advertían sobre irregularidades en sus gobiernos. Ambos disfrutaron de las mieles de Odebrech y favorecieron con creces los intereses de sus donantes, especialmente en los sectores de electricidad, transporte y agua.

Cada uno fue protagonista de una arbitrariedad durante su primer año, con Martinelli derrumbando el muro de Figali (con el apoyo de Varela como vicepresidente y de todo su gabinete) y Varela avalando el cierre injusto e ilegal de Campos de Pesé (con el aplauso de toda su estructura gubernamental recién inaugurada). Ambos fueron tercos y necios al mantener las importaciones a destiempo a pesar del perjuicio al país y suplicio de los agricultores. Ambos serán recordados por frases inverosímiles: Martinelli diciendo que durante su Gobierno se podía meter la pata pero no la mano; mientras que Varela justificando dineros de Odebrech a través de la Fundación Don James como aportes y donaciones de campaña.

Ojalá Varela no corra la misma suerte de Martinelli de pasar años huyendo y terminar detenido en una cárcel. Pero la historia por siglos demuestra que las personas, Dios la crea y ellas se juntan. Y como decía Arnulfo Arias, la historia se repite en espiral. Ya existen varios en fila para presentar en los próximos días denuncias ante la Asamblea Nacional contra el actual gobierno por supuestas escuchas telefónicas, el mismo supuesto delito por el cual mantienen encerrado a Martinelli. Como señalamos anteriormente, son figuras repetidas de un mismo álbum. Por eso no nos sorprendería que estos dos personajes, que en apariencia se odian, en un futuro rememoren sus hazañas mientras compartan una misma celda.

El autor es empresario

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