¡A nuestros héroes y heroínas desconocidas y en el clandestinaje!

Corrían los años del 50. Turbulentos, angustiosos, críticos, apasionados. Durante esos años se tumbó a un presidente por la Guardia Nacional, con muertos y derramamiento de sangre y mujeres encarceladas por su lealtad al líder del panameñismo. Un gobierno anticomunista que persiguió a panameños, por el delito de pensar distinto a los gobernantes de turno. Se negoció un tratado para mejorar las relaciones económicas con los EEUU, bajo la consigna: NI MILLONES NI LIMOSNAS, QUEREMOS JUSTICIA. Se asesinó a un Presidente, sin que aún sepamos a ciencia cierta quién o quienes planearon y ejecutaron el magnicidio. Levantado el estudiantado y el pueblo de esas brumas tenebrosas, recibió del Gobierno de Ernesto de la Guardia Hijo (1956 a 1960), una apertura, que pronto se vio manchada por la sangre generosa de la juventud panameña, que ardía de ideales revolucionarios, muy al signo de los tiempos.

Llegarán los años de 1957 cuando se reorganizó la Federación de Estudiantes de Panamá. Para 1958 los estudiantes universitarios, liderados por Arellano Lennox y Ricardo Ríos llevarán a cabo la Operación Soberanía, clavando banderas panameñas en la Zona del Canal, colonia norteamericana en el corazón de nuestro istmo. Días después el estudiantado se movilizará pidiendo “más escuelas y menos cantinas”. La represión contra el estudiantado por la Guardia Nacional, provocará el primer mártir estudiantil, el artesano José Manuel Araúz y muchos más, sin que los testigos se pongan de acuerdo, de 13 muertos oficiales, pasarán a 20 según Carlos Núñez, líder secundario del Instituto Nacional y hasta 30 según Ricardo Ríos, dirigente estudiantil universitario. El Instituto Nacional y la Universidad de Panamá serán sitiados, hasta llegar al Pacto de la Colina. Para febrero de 1959, la población de nuestros barrios populares se tomaron el Municipio de Panamá, llamado popularmente como el Cabildazo, sacando a los Concejales (hoy serían los representantes) por la corrupción imperante. Para el 6 de abril de ese mismo año, se da a conocer un manifiesto, por el cual un grupo de jóvenes armados de la Ciudad de Panamá y Santiago de Veraguas llaman a la revolución popular. El Cerro Tute en San Francisco de Veraguas, será la Sierra Maestra cubana. Cuatro jóvenes idealistas caídos en acción, enfrentados a la Guardia Nacional. Aún hoy los recordamos y sus familias no dejan de llorar su ausencia. Octubre de 1959 nos sorprenderá Colón con la Marcha del Hambre y la Desesperación, dirigida por el sindicalista Andrés Galván. Caminarán de Colón a Panamá a exigir un nuevo salario mínimo y otras demandas sociales. El 3 noviembre de ese mismo año, Ricardo Ríos, dirigente de la Unión de Estudiantes Universitarios, movilizará al estudiantado para volver a la Zona del Canal y clavar banderas panameñas. La Policía gringa de la Zona del Canal reprimirá a los manifestantes.

Para los años 60 la juventud panameña, sigue atrincherada en la Federación de Estudiantes de Panamá. La huelga universitaria, la huelga bananera, la marcha de la caña se manifiestan. El pueblo vuelve a las calles a reclamar justicia para los trabajadores. Es el Gobierno de Roberto F. Chiari. Se negocia el Convenio de las Banderas con Kennedy en 1963 por la cual la bandera panameña ondeará al lado de la norteamericana en la Zona del Canal. La consigna por la soberanía nacional, se va haciendo una realidad. El 9 de enero de 1964, la historia panameña se escribirá con sangre, muertos y heridos. La Gesta patriótica de la juventud y del pueblo panameño, recorrerá el mundo y recibirá, este pequeño país, la solidaridad mundial. Los caídos, gente de nuestro pueblo, seguirán cayendo el 10, el 11 y el 12 en Colón. No hay vuelta atrás el Presidente Chiarí, apoyado por todo el país, rompe relaciones diplomáticas con el Imperio. Exige reparaciones para los caídos, un nuevo tratado. Denuncia la agresión en la OEA con Miguel J. Moreno. Se organiza el Congreso de la Soberanía y allí reunidos más de 350 organizaciones populares, se reafirma que la sangre derramada por nuestro pueblo, no será en balde. Alberto Quirós Guardia rescatará para la historia, las mujeres que organizan y participan en ese debate nacional y popular. Desde entonces la lucha por abrogar el Tratado de 1903, que ningún panameño firmó, no tendrá pausa. Hoy podemos ver los frutos del martirologio juvenil, aunque sus deudos y familiares no hayan comido de las mieles del Canal y un ejército de desconocidos se apropian un día sí y otro también de las tierras, edificios, casas, calles y aguas de nuestra cintura histórica, llamada ayer Zona del Canal y hoy áreas revertidas.

¿Y a santo de qué este relato tan largo sobre esos años de luchas?

Porque es la historia anónima de nuestros héroes y heroínas, de nuestros mártires. De las madres y familiares que sufrieron y aún sufren algunas, la ausencia del ser querido, de los compañeros y compañeras que les hizo y les hace faltan, el compañero de aulas, el amigo del barrio, el trabajador ausente de la empresa.

En esa historia anónima, en esa mezquindad de nuestra sociedad, en esa falta de memoria nacional, se hace especial con la mujer panameña. Ellas en silencio, sin protestas, sin reclamos, han visto pasar los años, sin un recuerdo sobre su participación en la lucha nacional, en la grandeza nacional y en su testimonio vivido y edificante en la construcción de esta patria de 500 años y de esta república que lleva 200 años construyéndose.

Hoy, el Ministerio de Gobierno quiere rescatar del olvido a un puñado de mujeres panameñas, olvidadas todas, sin biografía que enseñe a las nuevas generaciones su valor, su ejemplar testimonio, que todos debemos admirar y que todos debemos homenajear, aunque no estén todas. Algún día, y espero que pronto, se pueda inmortalizar la historia de ellas y de tantos otros panameños en un gran monumento que reviva la historia nacional de estos 500 años y fomente la panameñidad con orgullo.

No crean las homenajeadas de hoy, que son las únicas olvidadas por una sociedad machista y desmemoriada, como diría Diógenes de la Rosa.

Rufina Alfaro, aún hoy sigue siendo cuestionada. En la Guerra de los Mil Días, fueron enfermeras, ayudantes y cocineras de los combatientes en uno u otro ejército. Al nacer la república sobresale con valentía María Ossa de Amador y la jovencita de 16 años Aminta Meléndez. Pero la nueva república formará un ejército de mujeres que van con el abecedario a enseñar, a escribir y a leer a los niños de los pueblos y campos. Nunca se ha homenajeado estos esfuerzos republicanos. Pronto surgirá la primera protesta femenina. Amelia Denis de Icaza llorará y protestará por su Cerro Ancón secuestrado. Por la muerte de Victoriano Lorenzo y reclamará para la juventud, que la dejen volar con sus ideales. Clara González, maestra y abogada, para los años 20 iniciará una cruzada a favor de la mujer panameña, hasta llegar a formar el Partido Nacional Feminista, que abanderará el quejido de la mujer panameña, en especial a la mujer popular, abandonada a su suerte. Exige el voto de la mujer en las elecciones y la defensa del niño. Llegará a ser candidata a la Vicepresidencia de la República. En la Constituyente de 1946 saldrán elegidas las primeras mujeres diputadas, la maestra mulata Gumercinda Páez y la profesora de la elite criolla, Esther Neira de Calvo.

En la lucha contra el Convenio de Bases de 1947, la mujer panameña, no detrás, sino al lado de los hombres, se movilizarán por todo el país en defensa de la soberanía nacional. David Acosta en su libro sobre este episodio, rescatará para la historia los nombres de muchas de las mujeres que participaron activamente. Ricardo Ríos y Humberto Ricord recordarán a las muchachas del 57, 58 y 59, sin poderlas mencionar a todas. La mayoría, heroínas anónimas de nuestra patria, olvidadas, como si no existieran.

En la jornada trágica y gloriosa de 1964, las mujeres panameñas sobresalieron en muchas facetas. Desde las estudiantes institutoras que salieron aquella tarde del 9 de enero hacia la Escuela de Balboa, hasta la madre, hermanas, tías y vecinas que buscaron a la muchachada, en lo que ayer se llamaba la Avenida 4 de julio y que luego bautizamos como la Avenida de los Mártires. La arenga de Thelma King por la radio Tribuna, llamando al pueblo a no abandonar a sus estudiantes. Allí las mujeres, recogieron a sus muertos y heridos. En el hospital las doctoras, las enfermeras y las voluntarias, trataron de aliviar las heridas de los cientos de jóvenes y adultos, que caían víctimas de las balas de patos que disparaban los soldados acantonado en la Zona del Canal. Luego, unos días después, nuestros mártires, en procesión militante, fueron enterrados. Quedaban las madres llorando, los familiares maldiciendo las balas, los pobres sufriendo el martirio de su pueblo.

Entonces surgirán los versos poéticos encendidos de rabia, de amor, de protesta, de las mujeres: Diana Morán, Elsy Alvarado de Ricord, Bertalicia Peralta y Moravia Ochoa, entre otras muchas.

Y así, entre recuerdos a pedazos, debemos reconocer que las mujeres panameñas, han ayudado a construir este país, esta patria, esta república, con sus llantos, con sus sufrimientos, con sus ideales, con sus profesiones, con su militancia política. Y ellas merecen que la tengamos en el recuerdo y que se le hagan este y muchos otros homenajes. Aquí y en las distintas provincias donde se han logrado destacar como pioneras en nuestros sueños.

La Revista LOS PANAMEÑOS, saluda al Ministro y a su equipo de trabajo por la organización de este reconocimiento justo y merecido. Nos sentiremos que la deuda nacional con la historia de la mujer panameña, luchando por la soberanía nacional y que se destacaron en 1957, 1958, 1959 y 1964, la hemos pagado, tardíamente y aún quedamos morosos, con tantas otras mujeres de nuestra patria.

A los adultos que hoy nos escuchan, aquí tenemos a una muchachada, hoy madres y abuelas, merecedoras de nuestro respeto y homenaje. A las muchachas estudiantes que están presente, aquí tienen en estas madres y abuelas de hoy, las muchachas de ayer, que salieron a pelear por la bandera, símbolo de la soberanía nacional. Hoy ustedes no tendrá que ir a la Zona del Canal a clavar banderas panameñas, porque esa colonia ha desaparecido, por la lucha del pueblo y de su juventud heroica. Hoy ustedes deberán proponerse otras tareas, además de estudiar y buscar un título profesional. ¿Cómo mejorar la vida de los panameños, cómo hacer patria para todos, cómo hacer del canal, un canal generoso para el pueblo que ha luchado por esas mieles, cómo construir una patria sin corrupción, cómo tener una mejor educación para una sociedad más justa, más democrática y más cristiana? Aquí en las homenajeadas presentes y en las olvidadas de todos los tiempos, tienen un ejemplo a seguir.

Para las de ayer, nuestro recuerdo. Para la que nos acompañan hoy, nuestro saludo.

Para todas:

VIVAN LOS MARTIRES DE NUESTRO PUEBLO!!!
VIVAN LAS HEROINAS Y HEROES ANONIMOS DE NUESTRO PUEBLO!!!
VIVAN LAS HOMENAJEADAS!!!
VIVAN LAS MUJERES PANAMEÑAS!!!
VIVA PANAMA!!!

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