A 63 años del Asalto al Cuartel Moncada

El Asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, fue parte de una acción armada realizada el 26 de julio de 1953 con el fin de derrocar al dictador Fulgencio Batista, realizada por un grupo de hombres y mujeres de la juventud del Partido Ortodoxo al mando del entonces abogado Fidel Castro.

El movimiento se completó con el ataque al cuartel «Carlos Manuel de Céspedes», de Bayamo y fue rápidamente derrotado. Durante el juicio a los atacantes, Fidel Castro se haría conocido en todo el país al autodefenderse poniendo en evidencia las torturas ejecutadas por el gobierno al punto que se lo declaró enfermo para evitar su presencia en el juicio. A pesar de ello presentó su alegato por escrito, documento histórico que se hizo conocido como La Historia me absolverá.
Un artículo escrito a la distancia de los años

Del golpe de estado al grito de guerra

Por: Tomas Toledo Batard

El 10 de marzo de 1952 el periódico Alerta, de Ramón Vasconcelos, resumía en tres palabras y un gran titular de primera plana la evidencia de un hecho consumado: ”Batista en Columbia” .

No era necesario decir más para percatarse que todo estaba perdido para la llamada democracia representativa. Había surgido, al conjuro de las bayonetas, un gobierno
fuerte que garantizaría, con un mayor margen de seguridad, los intereses económicos del imperialismo norteamericano en Cuba.

Con el objetivo de detener la creciente politización de las masas, se hacía imprescindible cambiar las formas de dominación que hasta entonces el imperio había ensayado con los gobiernos auténticos. De esta manera, reaparecía en la escena pública el ”Hombre Fuerte” como le llamaban a Batista.

Consumado el cuartelazo, predominaba una sensación de impotencia e indecisión en la Isla. Buena parte de los partidos políticos se sumaron de inmediato a las filas de los usurpadores del poder.

Otros, tratando de buscar una solución por la vía electoral, se diluían en dimes y diretes, en comunicados y declaraciones públicas que ni siquiera rozaban al gobierno de facto.

Mientras, el régimen de ordeno y mando se consolidaba con el fraccionamiento de la oposición, y el apoyo que recibía del poderoso vecino del Norte, que veía la posibilidad de materializar su sueño de 2OO años atrás, con la anexión de
Cuba.

Pero en tanto buena parte de la dirigencia del Partido Ortodoxo se consumía en reuniones y discusiones estériles, el joven abogado Fidel Castro, quien militaba en sus filas, daba a conocer un manifiesto al pueblo titulado ”Revolución NO, Zarpazo”, en el que convocaba a la lucha.

”Cubanos, hay tiranía otra vez, –señalaba el llamamiento- ”, pero habrá otra vez Mellas, Trejos y Guiteras. Hay opresión en la patria , pero habrá algún día otra vez
libertad (…) La hora es de sacrificio y de lucha”, y terminaba Fidel con unas estrofas del himno nacional : ”Vivir en cadenas es vivir en afrenta y oprobio
sumido…”.

A partir de ese momento, el futuro Líder del Moncada no descansaría en denunciar el golpe de estado y la tiranía. Fue así como, a los pocos días del 10 de marzo, se apareció ante los tribunales solicitando se castigase a los ambiciosos que habían hecho trizas las instituciones de la Isla. Pero no le harían el menor caso.

Luego vendría el aglutinamiento de los que pensaban como él. Jesús Montané, quien ya le conocía de la propia Ortodoxia, le presentaría a Abel Santamaría. Después se le sumarían Melba Hernández y Haydee Santamaría.

Un joven poeta, Raúl Gómez García, le ayudaría en la confección de la prensa artesanal, con la salida de “Son los mismos”, “El Aldabonazo” y “El Acusador”, y el médico. Mario Muñóz le facilitaría una pequeña planta radial para instalarla en la Universidad de La Habana.

Eran los primeros pasos del patriótico empeño. Cuando el 16 de agosto de 1952 se cumple el primer año de la muerte de Eduardo Chibás, Fidel va al cementerio con un grupo de jóvenes que ya forman parte de la futura Generación del Centenario del Apóstol.

Es en esa ocasión durante la peregrinación ante la tumba del adalid de la vergüenza, cuando reitera su grito de guerra: “Si Batista ha entrado por la fuerza a Palacio, por la fuerza hay que sacarlo”.
Se enrumbaba así el camino histórico hacia el Moncada.

(AIN)

fidel fidel castro

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