6 De junio de 1966: INSURRECCIÓN DE COLÓN.

Se trató de una jornada que se expresó con firmeza en las calles, situando en crisis a los poderes gubernamentales y oligárquicos del momento. A fines de la década del ´50 y gran parte de la del ´60, los sectores vinculados al pueblo habían desarrollado interesantes acciones, que les permitió una visión clara y completa de la realidad, sólo nacional, sino también de la contradicción histórica entre intereses del país y el poder imperial estadounidense.

Enero de 1964 constituye una de las valiosas coyunturas de lucha popular-nacionalista, que abrió un espacio interesante para el replanteamiento de nuestras relaciones con los EE.UU. y, además, fue una contestación a un estado crítico social y económico que imperaba en el país. De la dura confrontación entre el pueblo y el militarismo estadounidense, que dejó muertos y heridos panameños, pero también una gallardía nacional sin medida, resultó herido el estudiante colonense, Juan A. Navas, quien luego fue enviado a la URSS para ser atendido, en 1965.

A 48 horas de haber regresado al país el 30 de mayo de 1966, como bien describe el catedrático universitario, Luis Navas en el prólogo de la obra “La Insurrección de Colón”, fue asesinado y arrojado su cadáver en lo que se conoce como el “corredor de Colón”. Esto fue un detonante para que la población, liderada por el movimiento estudiantil, exigiera justicia y castigo para los responsables del crimen. Desde luego, desde temprano el fino olfato popular apuntó hacia el régimen antipopular y oligárquico de Marco Robles, propiamente a su tentáculo represor, el Departamento Nacional de Investigaciones (DENI). Estos, en respuesta, señalaron a connotadas figuras del Movimiento Popular, queriendo con ello desviar la atención y frenar el impulso de un pueblo que entendía que el crimen de Juan Navas era también hacia los hombres y mujeres que, a golpe de esfuerzos, diariamente se empeñan en construir su presente y su futuro. Era un duro golpe a los sectores populares organizados y, fundamentalmente, al insuperado movimiento estudiantil de la época.

El 3 de junio de 1966 es velado el cadáver de Navas en el Gimnasio Claudia Lowe del Colegio Abel Bravo. Fue un acto fúnebre impresionante, como también el discurso pronunciado por el extraordinario, prof. Sebastián Aguilar (q.e.p.d.). Los días 4 y 5 de junio se convirtieron en momentos de reflexión y de reclamo público de un pueblo que exigía justicia, y que encontraba en el régimen de Robles, razones de mucha fuerza para atacar al movimiento popular; de allí los señalamientos sobre la responsabilidad del crimen de Juan Navas.

El 6 de junio las calles de Colón fueron ocupadas por los estudiantes de del Abel Bravo, José Guardia Vega y Rufo A. Garay, así como a toda una población. El enfrentamiento entre gobierno y pueblo fue cruento y duro. Bombas lacrimógenas, balas, atropello, arrestos, agresión, pero lo peor: las muertes de los estudiantes Carlos Mathews y Elvira Miranda, y de la niña asfixiada Damaris Gallardo, signaron ese acontecimiento histórico, pocas veces atendido y estudiado.

Es claro que la conciencia revolucionaria hizo sentir sus efectos. Cada espacio de Colón fue una trinchera de combate. Todo lo que simbolizaba al régimen fue incendiado. El Municipio de Colón, la Gobernación, la Lotería, el Correo, Banco Nacional, Depto de Extranjería, Oficina de Reforma Agraria fueron incendiados. El muelle Fiscal fue ocupado por el pueblo, y atacada las viviendas de los señalados miembros del DENI. Desde la capital enviaron refuerzos a las fuerzas policiales de Colón, al mando del capitán Rubén Darío Paredes.

Los acontecimientos violentos continuaron tras los entierros de los caídos del 6 de junio hasta el 11 de junio de 1966. En medio de todo, el gobierno diseñó su estrategia, devolviendo el golpe al movimiento popular, al implicar a Rolando Sterling, Félix Dixon (q.e.p.d.) y a Moisés Granados. Sobre este último pesó la acusación de traidor al movimiento.

De ese gran faena del 6 de junio de 1966 quedan algunos nombres para la posteridad: Rolando Sterling, Félix Dixon (q.e.p.d.), Héctor Barrios, Bartolo Cisneros, Luciano Martínez, Samuel Anderson, Luis Navas, Eduardo Borden Castro, Luis Geen Risco, Raúl Leis, Mario Panther (q.e.p.d.) Harley James Mitchell, Roger Amor Cuadra (q.e.p.d), y otros.

La lección es clara, los pueblos comprenden que su redención está en la lucha permanente por la vida. Y que eso es posible cuando se asumen posiciones heroicas en defensa de sus intereses como sector social.

El 6 de junio de 1966 enseñó mucho y puso de manifiesto la capacidad de un pueblo por defender su esencia, pero también la corrosión y descomposición de un sistema sustentado sobre la abundancia material, alejado radicalmente de la gente.

tumba de juan navas luis navas recibe documneto Conferencista Luis Navas y Mauro Murillo y

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