5,9% más empleos informales en el país

A las 12:00 del día, la extensa vía Ricardo J. Alfaro luce como un estacionamiento. Justo a esa hora, el hambre y la sed de los conductores apremian. Frente a ellos, decenas de trabajadores informales aprovechan el “eterno tranque” para vender agua, soda, lentes, cargadores y hasta pizza.

Giovanni Peralta camina de un paño al otro. Él es uno de los 132 vendedores ambulantes que trabajan en la Ricardo J. Alfaro. En una mano muestra lentes de sol, en la otra, cargadores para celulares. “El que quiera que pare y diga”, asegura. El precio lo pone finalmente el comprador.

Escogió esta arteria vial por su “tranque eterno”, y porque “se vende de todo”. Los tipos de artículos que se comercializan depende de la temporada. Ahora son lentes de sol porque se acerca el verano, pero también vienen los días patrios, época propicia para sacar las banderas, comenta.

Su tez tostada por el sol demuestra lo extenuante de su labor. Tiene 48 años, y más de 10 como trabajador informal, sin jefe ni horario, pero tampoco sin contrato ni seguridad social. Explica que optó por esta ocupación al ver que las empresas le cerraban las puertas.

“A veces llegas a una empresa a entregar un currículo y nada más por la facha llegan y ¡bum!, para la basura. Dicen que te van a llamar, pero nunca te llaman, así que no queda otra alternativa que este trabajo”, dijo.

Al igual que Peralta, miles de panameños laboran bajo el paraguas de la informalidad, siendo esto un fenómeno que va en expansión. Las cifras así lo demuestran.

Datos de la Contraloría General de la República revelan que, entre marzo de 2015 y marzo de 2016, 25 mil 717 personas ingresaron a la economía informal.

Se considera sector informal o de cuenta propia a cualquier empresa con menos de cinco asalariados o persona que se dedica a actividades no agrícolas, no tienen seguro social o no tienen contratos de trabajo.

Según el reporte oficial, en marzo de 2015 habían 434 mil 950 personas dentro del renglón de trabajador por cuenta propia (conductor de autobús, vendedor ambulante, modista en su casa, limpiabotas), mientras que en 2016 la cifra asciende a 460 mil 667, una variación de 5.91%.

El género masculino es el más afectado. La Contraloría General de la República destaca que 292 mil 115 hombres trabajan en la informalidad, mientras que el número de mujeres llega a 168 mil 552.

Esto no es de extrañar cuando, precisamente, son los hombres quienes laboran en la actividad económica en la que repunta el mayor número de trabajadores informales: la construcción. De aproximadamente 309 mil 735 personas ocupadas en los sectores de construcción, minería e industria, un 61.4% trabaja bajo el paraguas de la informalidad.

* Se considera sector informal a cualquier empresa con menos de cinco asalariados que se dedica a actividades no agrícolas; sus trabajadores no tienen seguro social o no tienen contratos.
“A menudo la informalidad es estigmatizada como un segmento laboral cuasi delictivo, asociado a actividades de buhonería. Sin embargo, hay 94 mil 734 trabajadores informales laborando en empresas del sector formal de la economía y existe un número importante de oficios con altos grados de informalidad”, asegura Rene Quevedo, especialista en mercado laboral y autogestión sostenible.

Agrega que entre marzo de 2006 y marzo de 2016 se crearon 554 mil 566 empleos, de los cuales 145 mil 987 o un 26% fueron informales. No obstante, un 70% de ese aumento en la informalidad ocurrió en los últimos tres años 2012 y 2015, período en el que este fenómeno subió casi 3 puntos, de 37% a 39.9%.

Justamente, esto ocurre a pesar de que el crecimiento de la economía del país en la última década ha sido el más elevado de América Latina, según el Fondo Monetario Internacional, y la perspectiva es que se mantenga en un positivo 6%.

Pero el peligro latente para el desarrollo del país está en que la informalidad avanza entre las nuevas generaciones. Los jóvenes están eligiendo la economía informal como una oportunidad.

“Las justificaciones pueden estar vinculadas a la idea de ser independiente y tener sus propias ganancias o al hecho de recurrir a este mercado al no conseguir un trabajo dentro del círculo de la formalidad”, explican especialistas en la materia.

Y es que de acuerdo con cifras oficiales, los jóvenes entre 15 y 29 años son los más impactados por el desempleo en Panamá. De un total de 104 mil 854 desempleados en el país, los jóvenes representan 62 mil 277 desocupados, un 59.39%.

“En este momento los jóvenes deben ser la gran preocupación de la sociedad panameña porque, aunque hablan de cifras de casi pleno empleo, en los jóvenes no es así. Eso no se justifica en un país con todas las riquezas como las que tiene Panamá y las posibilidades que tiene”, asegura Juan Carlos Planells, director general del Centro Nacional de Competitividad.

El especialista apuesta a la integración de los jóvenes en la actividad económica del país, pero sin prejuicios ni obstáculos.

“Actualmente hay una barrera generacional que está influyendo negativamente en la integración de los jóvenes al mercado laboral. Empresarios no quieren contratar jóvenes porque no los entienden, no chatean ni tuitean como ellos, sin valorar todo el potencial que tienen. Me impresiona ver cómo muchas veces no aprovechamos, y rechazamos la cultura de los mileniales, simplemente por no entenderlos”, asegura.

FACTORES QUE INCIDEN

Para Quevedo, la rigidez del régimen laboral vigente, los costos de la formalidad, la rapidez para establecer un negocio informal, el limitado acceso y alto costo de crédito a microempresas, el requerimiento educativo y la experiencia para empleos formales, el desconocimiento de beneficios de la formalidad por parte de población y el alto costo de la vida, que obliga a jóvenes a buscar sustento a corto plazo, son algunos de los factores que incurren sobre el reciente aumento de la informalidad en el país.
Ante el incremento de la informalidad, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomienda reforzar los programas sociales orientados al apoyo en el mercado de trabajo, específicamente en la especialización de ciudadanos para que accedan a trabajos de calidad.

“La idea es que los programas permitan la actualización constante de la calificación de los trabajadores, mejorar la calidad del ajuste entre la oferta y la demanda de trabajo y promover directa o indirectamente la creación de empleos productivos”, precisa la OIT en un informe.

Tomado del diario La Prensa 5 octubre 2016

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