¿Hacia dónde va la educación pública?

DANIEL DELGADO-DIAMANTE

ddelgado47@hotmail.com

ABOGADO

‘ La maestra dice que mañana no tenemos que ir’ — Ricardito Abrego, nueve años. Su mamá ripostó: ‘¿Otra vez los maestros en huelga por lograr aumentos salariales? Y nosotros… ¿qué hacemos con estos pelaos? Claro, los ricos mandan a sus hijos a escuelas privadas’.

La conclusión resulta tan cierta como terrible. La escuela pública termina entregando productos poco competitivos con los de las privadas. Y si pensamos en la globalización, trabajadores disfuncionales. Cuando hay paralización de clases por los docentes, ya sea que se trate de reclamos salariales justos, la verdad es que perdemos todos.

No hay duda de que los países con mejores estándares de vida son aquellos con altos niveles educativos. El sistema educativo de un país descansa en el alto nivel de sus docentes.

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¿Hacia dónde va la educación de nuestros hijos y nietos? nos preguntamos todos. Saber el rol de la comunidad educativa, compuesta de padres de familia, estudiantes, docentes y sociedad en general, es tarea a comprender.

Gran parte del problema parece ser la elaboración inconsulta de la reforma o transformación curricular. A ello se agrega una metodología académica inadecuada, limitada preparación de los docentes y la poca integración de la comunidad educativa en el logro de las metas del desarrollo humano.

Hablar de educación pública en Panamá y de los distintos intentos por salvar la brecha existente entre ella y la educación privada, sólo hace más evidentes las diferencias y errores repetitivos en el tiempo.

No es necesario ser un especialista para identificar algunos puntos críticos de la educación pública en nuestro país. Independientemente del contenido académico de los programas educativos, el sistema está basado en la memorización de información para pasar exámenes, por lo que el estudiante es un mero recipiente de datos. No abunda la comprensión. Cuando la evaluación lo que mide es memoria, limita la capacidad de análisis del alumno. El cierto y falso y llenar espacio, tan abundante en las pruebas, nunca se conciben como una metodología activa que obligue a deducir una conclusión, menos el juicio crítico del estudiante.

En 2010 hubo más de 42 mil fracasos, lo que representa el 5.4% del estudiantado nacional. A esto se suma la deserción escolar, que se duplica. Este es el principal factor de riesgo que favorece la actividad violenta entre los adolescentes y jóvenes con edades entre los 12 y 19 años. Cada caso es una trágica entrega a las puertas de la violencia y criminalidad que afectan a la sociedad.

En contraste, parece haber una dosificación inadecuada de los contenidos académicos para las materias fundamentales de lectura, escritura, manejo de habilidades matemáticas y del idioma Inglés. En ellas, los alumnos de primaria llevan grandes deficiencias a secundaria. Se hace necesaria una metodología para que el alumno aprenda conceptos que en un futuro cercano incidirán en su aplicación en situaciones reales. Los estudiantes debieran participar en su propio aprendizaje. Allí los contenidos serían prioridad en un aula. Debemos buscar enseñar también competencias, es decir, el conjunto de conocimientos, actitudes y destrezas necesarias para desempeñar una ocupación.

En las aulas se deben fomentar métodos que activen el aprendizaje, por ejemplo, trabajos en grupo y búsqueda de información mediante la tecnología digital.
A este escenario, habría que agregar los planes programáticos, que no preparan al estudiante para accesar a la universidad en las carreras de su elección. Para el año lectivo 2010, más de 14 mil aspirantes a la Universidad de Panamá presentaron su examen de admisión. El 38% lo fracasó o tuvo que acudir a cursos propedéuticos para lograr matricularse.

¿Cuál es el rol del Ministerio de Educación? Tenemos infraestructuras escolares deficientes; docentes nombrados a destiempo y no en sus especialidades; maestros y profesores pagados con mora; insuficientes docentes en áreas de mayor riesgo y falta de insumos educativos.

A pesar de contar con excelente recurso humano de maestros y profesores, no hay pruebas científicas para medir su idoneidad de acuerdo al mérito en su área de especialidad. Es necesaria una selección rigurosa de los docentes para entrar y ascender en el sistema.

La escala salarial del docente no es cónsona con las expectativas y responsabilidades que asume al cumplir su misión. ¡Claro que deberían ganar más! Pero el salario no lo es todo. También deben tener mejor preparación académica y grados universitarios. Tal vez sea necesario revisar incluso los planes y programas de docencias en las escuelas normales y universidades.

Otro problema fundamental es la atención al número de alumnos por docente. En la mayoría de nuestros centros educativos oficiales cada uno atiende alrededor 35, cuando los estándares mundiales son de entre 25 y 30 en primaria y de entre 15 y 20 a nivel de secundaria. Esto es así para que los docentes, con grupos más pequeños, puedan detectar las necesidades de los estudiantes y ayudarlos a desarrollar sus propias capacidades o a reducir sus limitaciones. De esta forma los docentes pueden poner atención en todos los alumnos, independientemente de que aprendan a distintos ritmos y tiempos, además de trabajar de forma personal con quienes se retrasan. Los docentes deben tomar en cuenta las necesidades de aprendizaje distintas que existen en un aula. Aquí hablamos de la actividad de nivelación.

Finalmente, en muchos casos, existe poca preocupación de los padres de familia por el proceso de formación de sus hijos. No hay duda de que los estudiantes más exitosos son aquellos que recibieron apoyo de sus padres durante sus años de estudio. ¿Alguien ganó con la huelga de docentes? Nadie. Todos perdimos.

 

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